Duodécima serie de variaciones. (Introducción)

Si la serie de variaciones que trata sobre la verdad está inevitablemente relacionada con el sentido, en la serie de variaciones sobre el sentido no lo trataremos  directamente, no cabe un tratamiento de este modo sobre el sentido, como no cabía una filosofía de las Ideas, según Platón en la Carta VII. Por eso, en esta serie de variaciones apuntaremos a la metafísica más interesante que intentó delimitar los límites del sentido, encontrar sus límites reales, y por supuesto, fracasó, sin embargo, es tan bello el resultado que merece ser tratado aquí, nos referimos a la Monadología de Leibniz, he dedicado un pequeño artículo a plantear algunas cuestiones al respecto que podréis encontrar aquí y aquí.

La dificultad con que nos enfrenta Leibniz es con la imposibilidad de dar una imagen de la acción, acción y sentido tienen la misma forma. No pueden ser más que una actualidad, siempre en acto, pero una actualidad que pone en juego, toda la realidad de la potencia. Esta aporía es la principal y más potente de esta concepción de la filosofía que venimos defendiendo, la acción reclama siempre una forma, unos límites, pero sólo son el resto de algo más importante de la función, que es lo que la distingue en sí misma, la forma distingue a la acción de otras acciones pero la función, la distingue de sí misma, es el presente absoluto.

Por eso, creemos que la filosofía de la diferencia de Deleuze es la que mejor ha visto esto, pero tomamos la precaución de no dejarnos llevar por la impronta de toda la potencialidad, y las formas garantizan el discurso de la verdad, la investigación científica. Sin embargo, no dejamos de reconocer que las esencias (Ideas en sentido platónico) no pueden manejarse ni con los discursos verdaderos, ni con la investigación científica, aunque la verdad y la investigación científica deban sus condiciones de experiencia reales a esencias, que no son más que praxis. La aporía es que cuáles son las verdades de las ciencias llamadas humanas o sociales, pues son verdades que han de adquirir una forma, pero cómo estas se ocupan de la praxis humana, están más cerca de las esencias, y el trabajo de no confundir unas con otras es más difícil que en las ciencias empíricas, pero no con las matemáticas ya que por su exactitud se suele confundir (o se ha confundido) toda la matemática como la disciplina más cercana a las esencias. La mejor manera de entender la dificultad de diferenciar verdad y sentido, es la de entender cuáles son las condiciones de experiencia reales que hacen posible que las matemáticas seas una disciplina.

Leibniz diferencia verdades de hecho, y verdades de razón, las primeras tienen su componente último en las mónadas, imágenes (imposibles) de acciones, las verdades de razón, sin embargo, son las formas que adoptan en superficie (en agregados) las acciones, pero lo más interesante es que la singularidad de las mónadas está tambien en los agregados cuando dejan de estudiarse según sus condiciones de posibilidad (universales y particulares).  Encontrar la esencia de un agregado es buscar su causa última, si le corresponde una mónada, pero estas no están nunca ahí, porque no es posible ningún tratado de monado – logía, a no ser que la unidad, totalidad de la mónada pueda entenderse según dia – logía, de las razones (y sus verdades) sincrónicas o diacrónicas que estudiamos en superficie.

Anuncios
Vídeo | Publicado el por | Deja un comentario

Did you know you can get free Bitcoins? Check it out!

Did you know you can get free Bitcoins? Check it out!.

Publicado en casilla vacía | Deja un comentario

Undécima serie de variaciones. (Introducción)

 

Desde la primera serie de variaciones, con la teoría de la evolución y el contrapunto del mito de Prometeo, se plantea el problema de la verdad, el de la teoría de la evolución, y el del sentido que tiene el mito de Prometeo. Eran dos problemas íntimamente relacionados, pero también la íntima irreductibilidad de uno a otro. El problema de la verdad y el sentido es un problema análogo al de la función y la forma. Las cosas las conocemos por su función, pero el conocimiento de la forma que no es sólo al superficial, pongamos el caso del bifaz, sino el tipo de material, su dureza, es una cuestión que se ha ido adquiriendo muy lentamente, y de lo que hoy en día somos capaces, sin embargo, el sentido, la función del bifaz para un Homo erectus es lo que hoy hemos perdido.

            La propia historia de los términos que se refieren a la verdad son antes términos que designan sentido, función para una comunidad que lo que entendemos por verdad objetiva que la ciencia ha delimitado. El libro de Julián Marías Introducción a la Filosofía, destaca como el hebreo, el griego y el latín antiguos tienen en su vocabulario el vocablo verdad que hace referencia a cualidades psíquicas, afectivas que tienen que ver con la cohesión de la comunidad: Aletheia es principalmente la ilusión de pertenecer a una comunidad, el pasado ilumina el presente y la verdad designa en encontrar las señales ciertas de este pasado. Ahora bien, como advierte Julián Marías al movimiento de ilusión cuando se des-vela el pasado que constituye el presente, también acompaña el movimiento contrario de desilusión, descubrir que el pasado proyecta sombras sobre el presente, y esto no sólo vale para la historia colectiva, también para las historias individuales. El término emunah designa el sentido de confianza en el futuro, además hay una contraposición entre griegos y hebreos, mientras que los primeros asociados a la luz que han de encontrar en el pasado tienen una familiarización con las formas, con las figuras, la geometría es la disciplina que asociada a la construcción trabaja con el reparto de luces y sombras, sin embargo, los hebreos se niegan a configurar ese porvenir, la falta de imágenes de la divinidad designa esta relación con el futuro, el pasado está hecho de monumentos, que no pueden ser más que restos, el verdadero sentido está al final y éste no tiene forma acabada, que siempre es la de un sentido pretérito. La relación de los hebreos con la voz, la de los profetas, es que impulsa a la acción y que ésta sea la que dibuje este porvenir. El movimiento contrario a la confianza, necesaria para la acción, es la decepción que supone una caída de esa acción, algo que limita el movimiento. Kant dice en la Critica del Juicio: “La risa es la emoción que nace de la súbita transformación de una ansiosa espera en nada”. El sentido del humor es hebreo, fruto de la experiencia real, que siempre ocurrirá algo pero seguro que no será lo esperado, esta suerte de ateísmo radical en la palabra verdad, es la que encontramos en un judío excomulgado como Spinoza.

            El término veritas refleja una situación novedosa respecto a las otras dos, veritas refleja algo más que la cohesión con la comunidad, resalta el papel del ciudadano en esta cohesión, ya no se apela a la ilusión en el pasado, o la confianza en el porvenir, ambas comunidades tienen algo de las poblaciones prehistóricas, en las que todos se conocían, aunque esto no sea así, las ciudades estado albergan mayor número que las poblaciones prehistóricas, pero como siempre esto se puede afirmar con reservas, entre el paleolítico inferior, y el paleolítico superior las condiciones de vida han sufrido grandes cambios, de hecho como hemos afirmado anteriormente se cree que ha habido grandes poblaciones de cazadores recolectores en un momento muy concreto en el Creciente fértil. Pero lo que designa, el término veritas es el papel del individuo cuando ha perdido la referencia de la ciudad estado, se apela a su sinceridad, a que sea honesto con su relato, y que sino corresponde con los hechos no se deba al interlocutor. El término veritas designa una relación de individuos civilizada, en la que la comunidad de sentido ha quedado diluida. La dificultad de la educación, por ejemplo, es como el individuo se va a formar en estos usos si no tiene la referencia de una comunidad en la que quedan reflejados tales usos.

            Estos tres usos del término verdad no pueden desaparecer en una sociedad civilizada porque muestra la relación de lo que se dice con el tiempo. Son las respuestas pragmáticas a las preguntas filosóficas, ¿de dónde venimos?, ¿a dónde vamos? ¿quiénes somos? Bien distinto es cuando se ha formalizado, se ha tomado conciencia del término verdad desligándolo del sentido, de la función. La verdad ya no asociada a la comunidad, a la sujeción de las duraciones efectivas del uso, es la verdad como objetividad, como formalidad. Esta investigación es producto de la relevancia ética, individual, de la investigación, sólo cuando el individuo (aunque sea en una tarea colectiva) toma conciencia de su labor puede verse esta segunda forma de entender la verdad, pero entonces la pretendida subjetividad que introduciría el trabajo individual, ya que cada uno “tendría su verdad” no puede más que negarse por los resultados. El investigador sabe que la sinceridad no es suficiente, y debe ver cómo se relaciona lo que se dice, con lo que hay o con lo que hacemos, pues, desde esta perspectiva, podemos diferenciar tres formas, también, de entender la verdad, y ya no asociadas a comunidades o a usos lingüísticos, sino a individuos concretos, y a la mayor o menor formalización del lenguaje.  Las tres concepciones de verdad son las siguientes: la verdad como correspondencia de Aristóteles, la verdad como coherencia que usa Sponiza según Hegel, y por último la verdad pragmática de William James.

Mientras la primera y la segunda caracterizan toda la lógica formal, las axiomatizaciones, los modelos que satisfacen tales formalizaciones, deducciones, los problemas de consistencia, etc. La tercera vuelve sobre el problema del sentido, la verdad es lo que funciona, de este modo lo que nos retrotrae a una aporía que ya estaba en la verdad como veritas, en la medida que apela al papel del individuo vacía de contenido toda referencia a una comunidad, en la medida que el trabajo individual busca la formalización, sin embargo, estos trabajos de formalización individual, ha hecho que algunos investigadores vuelvan de nuevo a reclamar la funcionalidad, el sentido, e incluso una comunidad (aunque sea en un sentido muy débil). Según nuestra perspectiva, no proponemos solución a tal aporía, sino que como buena aporía lo que ha de reflejar esta cuestión es la potencia de las preguntas y los problemas sobre la verdad, e incluso la cantidad de respuestas y soluciones que se encontraran sin agotar tal problema o pregunta.

Publicado en Introducción | Deja un comentario

¿Qué pieza te gusta más?

(Léase José Luis Pardo. La regla del juego, pag. 464)

 

Danubio azul.

Rhapsody in Blue.

El clave bien temperado.

 

 

 

Publicado en cuartaserie | Deja un comentario

Décima serie de variaciones. (Introducción)

La décima serie de variaciones tiene por tema la trama que urden la noción de sistema, método y subjetividad. Una vez más recurrimos a la etimología para sugerir un uso de estos términos. En primer lugar, el término sistema (de origen griego) está compuesto por el prefijo sy- que significa junto, histemi que sinifica establecer, constatar, y el sufijo, -ma que en griego hace referencia al instrumento-medio-resultado (etimologías.de.chile.net). Por tanto, lo que tenemos es un instrumento, medio y resultado que nos permite establecer conjuntamente. El sistema así caracterizado es un instrumento gnoseológico que da cuenta de la distinción de la realidad. El sistema es simplemente una forma de constatación, de establecer una totalidad, de distinguir la realidad, para ello definimos el sistema como dialógico, y el primer sistema de distinción de la realidad es la lengua. Por ejemplo, el desarrollo de la aritmética y la geometría supone llevar al extremo la capacidad de distinguir lo real diacrónica y sincrónicamente, desde un punto de vista más consciente. La conciencia misma es sistémica.
La relación con el otro concepto, el de método, que significa camino a seguir, no es más que la forma de operar sobre una región de la realidad, y para ello se apoya inevitablemente en el sistema, pensemos que los proyectos de producción cuanto más largos y complejos sean, el camino a seguir no sólo es progreso, sino también es regreso constatar lo que se hace, tomar conciencia es una operación vital y distinta la del método a seguir. La relación de la ciencia con la técnica es, en este sentido, radical ya que el sistema es fruto del método, y aquél ayuda a emprender caminos cada vez más complejos, la ciencia sistemática termina revelándose como capaz de resolver problemas al margen de las producciones. Por ello, mismo la verdad en ciencia responde a lo que hemos llamado método tecnológico, una suerte de constructivismo radical, enraizado en el hacer técnico.

El sistema es universal, los métodos son particulares, pero la singularidad de la acción implica introducir la subjetividad, que no es otra cosa que designar las operaciones concretas llevadas a cabo por los sujetos operatorios, las duraciones, los afectos que son las condiciones reales, las que no pueden desaparecer en ninguna investigación de ningún tipo, ni metódica, ni sistemática. La etimología, en este caso, designa “lo que está debajo” con el prefijo sub-; ject del verbo lanzar, en la forma supina que es infinitivo de fin, toda acción adquiere su sentido porque acaba, la duración efectivamente realizada; los sufijos –ivis que apela a la pasividad o actividad de la acción, conducta, duración; y por último –dad que designa cualidad, el qué de la poiesis, en definitiva producción de realidad.
Por ello la tríada de esta serie es la que trata sobre la distinción, la real, la formal y la numérica. La primera según estas variaciones supone la praxis, la subjetividad, el tiempo, pero esta puede ser acotada por las condiciones de posibilidad que trazan la distinción formal, que no es otra cosa que delimitar la forma de algo, la especie de un animal, el tipo de actividad. La distinción numérica, por otra parte, supone la diferenciación de casos particulares de las formas delimitadas. El esquema que ya hemos usado vuelve a repetirse, bajo otra forma, pero es en esta variación donde encuentra sus condiciones llamémosle gnoseológicas y ontológica. Un apunte más, una ontología de la analogía no puede resolver el problema de la distinción real porque se queda en sus condiciones de posibilidad, sin embargo, una ontología de univocidad no puede decirse que la resuelve pero sirve para afirmar la imposibilidad de la primera. Las últimas series de variaciones ahondarán en este aspecto que radica en la irreductibilidad de la verdad y el sentido.

Publicado en Introducción | Deja un comentario

Novena serie de variaciones (Introducción)

De la serie novena hasta la doce ya no acompaña ninguna aporía, en realidad, están todas presentes de algún modo. Las aporías principalmente tiene el papel de plantear en el pensamiento, lo que las ciencias han de reducir a respuestas, desde la biología o la física o química, hasta la economía pasando, por toda una serie de disciplinas que van de las llamadas ciencias empíricas hasta las sociales. Con el tercer bloque la filosofía trata de la teoría misma, del hacer entendido no como poiesis – producción, o praxis – acción, sino como drama – representación. La novena serie de variaciones de variaciones tiene como campo de estudio el lenguaje, como una forma de representar las producciones y las acciones. En este caso en la medida que nuestro planteamiento gira en torno al hacer, antes de sumergirnos en cuestiones de lenguaje, tan característico del siglo XX, con la filosofía analítica, la hermenéutica u otras. Planteamos las condiciones más generales del problema en Platón, volvemos sobre la Apología de Sócrates, en ese episodio donde Sócrates interroga a sus conciudadanos para probar su condición de hombre más sabio, según el oráculo de Delfos, necesariamente habla con especialistas, poetas, artesanos, políticos que resultan ser sabios en sus tareas, cuando las llevan a cabo, pero difícilmente cuando hablan de lo que saben, por lo que Sócrates está planteando no tanto la cuestión de la producción o las negociaciones entre ciudadanos, sino sobre la teoría de lo que hacen, y lo que se ve más o menos claro, es que lo que en realidad está sobrevolando es el papel de los sofistas en esta tarea, la de teorizar sobre lo que se hace.

El otro elemento que nos permitirá plantear la cuestión es el tópico del símil de la línea que Platón traza en La república (final del libro VI), en estos párrafos diferencia un modo de ver la realidad y el pensamiento, además puede verse que las distintas partes en los que divide la línea Platón tienen cierta correspondencia con los estamentos productivos- práxicos representados en la Apología; los poetas como productores de imágenes, meras conjeturas para el pensamiento; los artesanos productores y conocedores de lo natural en tanto que lo practican y transforman, no tienen más que un conocimiento basado en la creencia, que no tiene porque coincidir con lo que hacen; bien distinto es la realidad que manejan los políticos una realidad que más que ninguna otra tiene que estar sometida a proporción, difícil de conseguir, pero que quizá subliman cuando mandan construir los templos y estatuas, y entienden que algunos problemas prácticos están íntimamente asociados a problemas teóricos. Así, por ejemplo, lo señala José Luis Pardo en La regla del juego, con la relación entre la resolución de un problema geométrico y la dificilísima gestión de la peste de principios de la guerra del Peloponeso. Los políticos tienen como instrumento la palabra común para convencer a sus conciudadanos, pero en momentos de extrema dificultad se les reclama un conocimiento exacto, para lo más difícil de mantener la armonía, no de los edificios, sino de las pasiones. A los políticos se les reclamaría, pues, un conocimiento discursivo sobre la medida, la magnitud, de los problemas de la praxis. Esta difícil cuestión es la que puede que se vea a Platón como un ingeniero social, pero es la última división la que debe corregir esta percepción sobre Platón.
Los sofistas aparecen como los que dan una apariencia de armonía en el discurso, apariencia de consistencia, que en los edificios está ahí mientras éstos no se caigan, pero la armonía de las pasiones ha enfrentarse a tantas inclemencias temporales o más que un edificio. Y es sobre esta enseñanza de los sofistas, que señala los últimos partes de la línea, las formas, las ideas, y que corresponde a la inteligencia verlas, pero el discurso más adecuado no es el discurso matemático, sino la dialéctica, ni los objetos matemáticos que nos acostumbran a soluciones verdaderas sino las ideas, las formas que han de sostener la consistencia en el tiempo que se desarrollan nuestras acciones. La dialéctica ha de contribuir a este tipo conocimiento y pensamiento que es un tipo de acción que no se deja llevar por las apariencias. Esta interpretación está basada en la solución posterior del estoicismo y separa del tópico del filósofo rey, como arquitecto de la concordia entre los seres humanos. Los distintos modos de expresión que corresponden a la división ontológico – gnoseológica, empezando por los de abajo son: poesía, retórica (espontánea), conocimiento discursivo (ciencia y retórica profesional), y por último, dialéctica.
La tríada que estructura esta serie de variaciones, está asociada a la comprensión que nos permite la lengua, una primera comprensión diacrónica, a través, del tiempo, las historias, las enumeraciones, los inventarios, la aritmética; otra comprensión la sincrónica, al mismo tiempo, las imágenes, los dibujos, las delimitaciones, la geometría; y una tercera que señala la necesidad de ambas sin confundirlas, todo es logos, todo es palabra hasta la imagen es signo, por tanto, lo dia – lógico, es la comprensión a través del logos ya sea dia – crónico, ya sea sincrónico. La potencia de la escritura alfabética permite naturalmente el diálogo, como ningún otro lenguaje ni basado en imágenes ni el demasiado formal, además de necesitar, para ser comprendido toda la potencia figurativa de la oralidad.

Publicado en Introducción | Deja un comentario

Interludio IV. (Introducción)

XV. Con el tema de la técnica, nos permite explorar la del continuo y el discreto, la aporía propia de la matemática, pitagórica. El ejemplo más claro es el de la diagonal de lado 1, que no tiene traducción a número entero, sino que mientras podamos operar genera infinitos decimales, las matemáticas se han demostrado, de esta manera, como el instrumental más importante para acotar la realidad. Ahora bien, las matemáticas son el resultado del hacer mismo, por ejemplo, el codo es una unidad que no puede ser distinguida más que como una cualidad, pero que por su discreción permite contribuir a hacer operaciones aritméticas y geométricas complejas. Sin embargo, y por lo que se refiere a la acción esta aporía también tiene su aplicación al tiempo, un sonido cualquiera encuentra su sentido porque es limitado, y su reproducción siempre ha de habérselas con esos límites que le dan sentido.La etimología de tono refiere a la tensión necesaria para llevar a cabo cualquier acción. La temporalidad es la irreductibilidad de la aplicación técnica.

Las dos aporías restantes reclaman el ejercicio de entender cómo nuestra especie tiene practica un tipo de hacer que, aunque se distinga del resto de especies debe encontrar analogías con el resto de especies, y que no presuponemos un un corte radical. Por eso, estas aporías la segunda la hemos denominado unidad – pluralidad (y las referencias las encontramos en los denominados postparmenídeos, Zenón, Empédocles…), y la primera primero – último (en este caso los presocráticos son los milesios). Desde el punto de vista de la ética designan el esfuerzo por encontrar explicaciones de la proximidad – lejanía de nuestro peculiar hacer con el resto de las especies. El estudio del género Homo es especialmente significativo porque aproxima lo que significa, en primer lugar el difícil problema de cuáles es el primer individuo de una especie, y el último de la anterior, y cómo en estas especies el individiduo se distinguía del resto de su especie. Esta labor está pensada según el modelo biológico que antes señalábamos. La causa final no puede desdeñarse sin más, en el análisis de estas cuestiones.

En todo caso las aporías permiten un ejercicio del pensamiento sobre las soluciones aportadas en las distintas disciplinas. Y cómo este ejercicio del pensamiento es ético, reclamando un presente absoluto, y no puede desligarse de la historia de la filosofía donde se pueden ver los ejercicios del pensamiento.

Publicado en Introducción | Deja un comentario

Interludio III. (Introducción)

Mientras que en el bloque denominado praxis se intenta evaluar la acción según el horizonte de la sociedad extensa, a saber, su medio propio, en el primero la acción humana está diluida en las conductas técnicas o animales, sin embargo, es aquí donde se ve la irreductibilidad de la acción humana, de la praxis, y lejos de tomar partido por discursos derrotistas en los que se ve a la acción humana como alienada por la técnica, como es el caso de Rousseau, Heidegger o algunos representantes de la denominada Escuela de Frankfurt. Seguimos a autores como es el caso de Ortega, éste supone una visión más acertada de la técnica y cómo forma parte de la naturaleza humana. Si los avances técnicos permiten que computadoras compongan música, hagan poemas, y otras manifestaciones artísticas, la técnica siempre tendrá como factor humano irreductible la experiencia del tiempo, y si la simulación de las computadoras alcanza a imitar la conducta humana, sin embargo, la experiencia más inmediata del tiempo, a día de hoy está en los seres vivos, y con mayor potencia en el ser humano (incluso apoyándose en la misma tecnología).
De ahí que estas variaciones planteen en esta primera parte tres modelos teóricos, derivados de los diversos “haceres”, el modelo biológico que explora las duraciones y las conductas propias de lo natural, aquí aunque no lo parezca lo importante es la causa final según la denominación aristotélica, porque los procesos que llevan a cabo los seres vivos suponen un principio y un fin en sus conductas, esta diferencia entre el primero y el último, supone que hemos de afirmar la finalidad en los procesos, aunque haya que descartar una teleología cósmica, o que aglutine todos los procesos como el diseño inteligente. Un segundo modelo es el tecnológico el cual se caracterizaría por la denominada causa eficiente de Aristóteles, o la causa que tanto se ha tratado en la modernidad a partir de Hume especialmente. La causa eficiente desde nuestro punto de vista se reduce casi a geometría, a la representación gráfica de cómo una cosa sucede a la otra. La íntima relación entre causa final y causa eficiente en la ciencia y su irreductibilidad como lo son la aritmética a la geometría, obliga a recurrir a un tercer modelo teórico, que surge del hacer también, es el modelo dialógico. Este modelo parte del arte como un hacer distinto a la técnica e incorpora, las duraciones en las que se desarrolla una producción. Toda forma de conocimiento tiene en mayor o menor grado los tres modelos, que corresponden a tres modelos de producción.
Siguiendo con las aporías que acompañan a las series de variaciones y como éstas sirven para problematizar de manera muy genérica lo que hacemos. La cuarta serie, la que trata sobre el arte, tiene como aporía la dicotomía cuantitativo – cualitatativo. Esta aporía demuestra cómo el término poiesis desde el principio significa cualidad, y que cualquier tipo de magnitud aritmética o geométrica no reduce la cualidad. Hegel y Aristóteles apuntan a que la cualidad es la primera de las categorías, y es que el ser humano, antes de relacionarse con cantidades que supone una descualificación de las cosas se las tiene que ver con cualidades, un camello, no es uno más y sumamos, dos, tres…, sino que tiene unas características que lo distinguen, por eso las palabras, por ejemplo, en árabe que designan camello son más de 400, lo que significa que el lenguaje distingue primeramente cualidades y luego las reduce a magnitud, y como ya decíamos, en la medida que aumenta la producción. Esta aporía se la debemos a Anaxágoras y Demócrito, ellos permiten ver que las realidades últimas el pensamiento las ha pensado o como cualidad o como magnitud. La clave o incluso la solución podría estar en Leibniz, la mónada es una cualidad, pero también una magnitud que expresa una cantidad de claridad de la mónada, cada una la suya irreductible a ninguna otra. Todas son una, y no pueden ser adicionadas a otra, y sus límites siempre están por determinar. Esta es la característica de la acción, en el arte están las condiciones trascendentales, por su singularidad, intensidad…

Publicado en Introducción | Deja un comentario

Interludio II. (Introducción)

La ontología estoica es una ontología de la acción principalmente. La teoría de los incorporales que tratara Emile Brehier en su libro Teoría de los incorporales en el estoicismo antiguo plantea la difícil cuestión de la relación con la lógica y la acción, o la de poner límites a lo irrepresentable, como lo posible da cuenta de lo real pero sin tener nada que ver con él. La dificultad de los estoicos es la de tener una teoría de la acción, de la praxis tal y como la definió Aristóteles, y más aún ser capaz de elaborar una lógica de la acción, del verbo y no del sujeto o del predicado, que es la que de Aristóteles, lógica del particular o del universal, “Sócrates es hombre”, “Todos los hombres son mortales”. Los enunciados de los estoicos son singularidades “es de noche” (ahora, en un momento sólo delimitado por el enunciado, su determinación real siempre problemática).

    Por eso la serie de aporías que acompañan a las ocho primeras series de variaciones la última trata sobre el infinitivo la forma de expresar la acción, de enunciarla, pero indicando, señalando su indeterminabilidad en el enunciado. La acción sólo se determina inmediatamente, no en la expresión a no ser que consideremos al mismo hecho de expresar una acción. Decir que el principio es el verbo no significa que en el origen perdido en el tiempo sea el verbo sino que. El origen, el principio está siempre aquí y ahora en cualquier acción que tiene como expresión el verbo en infinitivo. La aporía radica en que la acción misma está completamente determinada, pero la operación de encontrar tal determinación es siempre un problema, la de encontrar unos límites (anterior – posterior), como esto siempre es una elaboración siempre, a su vez, anterior o posterior a la acción, el problema gnoseológico de determinar la realidad, ontología, no se cancela nunca. Por tanto, la tríada lógica, física y ética de los estoicos está siempre coordinándose. Porque, la ética es la tarea más superficial que sostiene a las otras dos, que es una tarea siempre compartida (moral, institucional).

 

         Este interludio se hace necesario para llamar la atención de la relación que tiene  la tarea introductoria de la filosofía como teoría de lo que hacemos con la historia de la filosofía y con la ética. En el primer caso la historia de la filosofía la circunscribimos a los antiguos desde los denominados presocráticos (y casi prefilosóficos), hasta estoicos, cínicos y epicúreos, por supuesto y las dos obras centrales de Platón y Aristóteles. Este tratamiento nos permite ver en perspectiva el resto de la historia de la filosofía, en la medida que los términos filosóficos han quedado suficientemente acabados, para otras circunstancias distintas, lo que variará, sin lugar a dudas, son las relaciones nuevas que estos términos sean capaces de vislumbrar en las nuevas circunstancias, todo ello en virtud de los nuevos usos y operaciones de las que fueron capaces autores posteriores.  

 

         Con los estoicos queda claro, para la posteridad, que la tarea científica y del conocimiento será colectiva, pero necesita de individuos capaces de ocuparse de sí mismos, de pensar por sí mismos. Para la tarea productiva también, esto es lo que principalmente hemos recogido del libro de Las flechas que, a su vez desarrolla a partir de la concepción de saber humano según Hayek (principalmente en La fatal arrogancia). Ahora bien, esta caracterización del individuo no es como ente particular, sino como un individuo capaz de acciones singulares concretas, y deliberadas, que sacan partido a las circunstancias del saber – poder concreto de un lugar y una época determinados.

 

         Con Aristóteles lo que planteamos, sin embargo, son las condiciones de orden jurídico, en un sentido muy amplio, de iure, frente al facto que han de darse para que aparezcan no ya este individuo sino estas acciones individuales, singulares, de sentido completo, las que hay que formalizar para encontrar una lógica de la acción humana. Por ello, esta aporía trata del derecho y la octava del dinero como una extensión del derecho, que ahonda en este tipo de acciones y que acercan a la concepción de juicio estético de Kant (acción singular como contenida en el universal del que es capaz ese lugar y época concreta). La aporía es triple en sus términos: principio, causa y condición va de la decantación de una cuestión que puede entenderse como ontológica, gnoseológica para terminar siéndolo lógica (material, de la materia de la que estamos hechos, del tiempo de las acciones singulares).

 

         Con Platón la aporía acompaña al tema del origen (siempre presente) del poder político). Esta aporía pretende establecer las condiciones del problema que permita diferenciar en cada caso el agente de la acción, para ello hemos enunciado la aporía en dos términos, según la nomenclatura platónica de participante y participación, y contraponerla en cierto sentido a la dicotomía participado de las cosas del mundo sensible, y lo imparticipado de la formas. La ontología que se deriva de una y otra son distintas, aunque también complementarias. Como se ve, y en la medida que estamos haciendo un recorrido hacia atrás histórico y encontrando un sentido a la noción de individuación. Esta variación y aporía es importante por determina las condiciones de la praxis, frente a la poiesis y a la chresis como empleo técnico. La aparición del ciudadano se constata según estas condiciones que ha de resolverse mucho más atinadamente en las dos posteriores.

 

Sin embargo, la aporía anterior reclama el origen siempre poiético, de la acción, la acción antes de que el pensamiento la pueda pensar en sí misma, es más fácil hacerlo por sus resultados, por sus productos, lo que hemos denominado poiesis. Cuando el resultado de esta producción se hace muy complejo, se hace necesario en la misma práctica, por los mismos agentes establecer algún tipo de regla que controle esta producción. La serie comunidad permite investigar cuáles son las relaciones nunca del todo resueltas que permiten la permanencia de la ciudad como algo distinto de la comunidad. Esta el sujeto de producción es toda la comunidad, entera, con la especialización del trabajo, desaparece o se diluye este sujeto de producción en el sentido manual, pero es mucho más difícil que desaparezca como productor de sentido, que son los mismos usos, al margen de los productos.  La aporía para este tema, que permita su problematización es la aporía sujeto – predicado. En este caso la ilustración de la aporía corre a cargo de la contraposición entre Parménides y Heráclito haciendo de sus planteamientos una cuestión lógica, y no gnoseológica u ontológica. Con el primero afirmaríamos que enunciado el sujeto no hay nada fuera de él, a saber, no hay nada fuera de la producción de la comunidad, sin embargo, la predicación que representa Heráclito disuelve al sujeto en un torrente de predicaciones, y por tanto, cuando la producción ha sido diversificada, neolítico, metales, industria, informática no hay posible referencia a un sujeto. Pero ni uno ni otro parecen resolver ni la capacidad de enunciar, ni explicar entonces la producción humana. La cuestión es que no todo está relacionado con todo, pero tampoco nada está relacionado con nada, ahora bien, las distinciones singulares, son capaces de referir a algo más que a ellas mismas. La co – munidad, es la reunión, el sujeto (parmenídeo), de mutaciones, predicaciones (heracliteanas).

Publicado en Introducción | Deja un comentario

Comunidad.

Es habitual en estas variaciones hacer un poco de ejercicio etimológico para intentar ver cuál es el significado, no en sentido de las acepciones del diccionario, sino que en la medida que las palabras tienen una historia permiten que nos refiramos a un significado de baja intensión, connotaciones que no pueden ser más que apeladas en virtud, en este caso, del esquema que aporta la filosofía como teoría de lo que hacemos. El término comunidad, nos lleva, no ya al latín o al griego, sino al indoeuropeo, siguiendo las indicaciones de la página etimologias.dechile.net, y vemos en ella un origen curioso, el término comunidad podría verse como algo que cambia juntamente, que es lo que indica el prefijo co-. Por tanto, por comunidad encontramos por un lado una referencia muy vaga al cambio, y por otro a la reunión. Una comunidad desde el punto de vista temporal es la permanencia de un conjunto, una totalidad de elementos heterogéneos,  que varía. Lo que como unidad la convierte en una singularidad. Es difícil apelar a una comunidad universal, ya que lo universal, por su carácter idealizado disuelve las condiciones temporales, las circunstancias. En este sentido tan vago una comunidad hace referencia, a conjuntos de duraciones fisico-químicas, a conjuntos de conductas biológicas, y en tercer lugar a conjuntos de prácticas humanas.

Por supuesto, que las segundas y las terceras incluyen los niveles anteriores. Entonces cuando nos referimos a comunidad en estas variaciones a ¿qué tipo de comunidades no estamos refiriendo? En primer lugar, nos referimos a las comunidades humanas, sin embargo, estas no pueden estar claramente delimitadas sino contraponemos a las comunidades de conductas biológicas. En el primer sentido el problema es sincrónico, estudiar esta o aquella comunidad práxica, pero ligado a éstas esta el segundo sentido que introduce la dimensión diacrónica, ya que de las conductas aparecen las práxias, sin desaparecer aquellas. La cuestión es que la diferenciación entre un tipo de comunidad y otra siempre es problemática.

De ahí, que el criterio que hemos seguido para problematizar estas diferencias es reintroducir un término que ayude a ver como diacrónicamente de la poiesis, aparece la praxis, para ello el término elegido es el de chresis que significa uso, utilización, empleo. Lo que pretendemos es identificar, si se nos permite, el sujeto de la comunidad, aquello que distingue cualitativamente la comunidad de conductas, de la comunidad de praxias. El sujeto es aquello que permanece en lo que varía, en lo que muta. Las diversas formas de variar y mutar son las predicaciones aquello que es sujetado por la comunidad.

Publicado en quintaserie | Deja un comentario