Duodécima serie de variaciones. (Introducción)

Si la serie de variaciones que trata sobre la verdad está inevitablemente relacionada con el sentido, en la serie de variaciones sobre el sentido no lo trataremos  directamente, no cabe un tratamiento de este modo sobre el sentido, como no cabía una filosofía de las Ideas, según Platón en la Carta VII. Por eso, en esta serie de variaciones apuntaremos a la metafísica más interesante que intentó delimitar los límites del sentido, encontrar sus límites reales, y por supuesto, fracasó, sin embargo, es tan bello el resultado que merece ser tratado aquí, nos referimos a la Monadología de Leibniz, he dedicado un pequeño artículo a plantear algunas cuestiones al respecto que podréis encontrar aquí y aquí.

La dificultad con que nos enfrenta Leibniz es con la imposibilidad de dar una imagen de la acción, acción y sentido tienen la misma forma. No pueden ser más que una actualidad, siempre en acto, pero una actualidad que pone en juego, toda la realidad de la potencia. Esta aporía es la principal y más potente de esta concepción de la filosofía que venimos defendiendo, la acción reclama siempre una forma, unos límites, pero sólo son el resto de algo más importante de la función, que es lo que la distingue en sí misma, la forma distingue a la acción de otras acciones pero la función, la distingue de sí misma, es el presente absoluto.

Por eso, creemos que la filosofía de la diferencia de Deleuze es la que mejor ha visto esto, pero tomamos la precaución de no dejarnos llevar por la impronta de toda la potencialidad, y las formas garantizan el discurso de la verdad, la investigación científica. Sin embargo, no dejamos de reconocer que las esencias (Ideas en sentido platónico) no pueden manejarse ni con los discursos verdaderos, ni con la investigación científica, aunque la verdad y la investigación científica deban sus condiciones de experiencia reales a esencias, que no son más que praxis. La aporía es que cuáles son las verdades de las ciencias llamadas humanas o sociales, pues son verdades que han de adquirir una forma, pero cómo estas se ocupan de la praxis humana, están más cerca de las esencias, y el trabajo de no confundir unas con otras es más difícil que en las ciencias empíricas, pero no con las matemáticas ya que por su exactitud se suele confundir (o se ha confundido) toda la matemática como la disciplina más cercana a las esencias. La mejor manera de entender la dificultad de diferenciar verdad y sentido, es la de entender cuáles son las condiciones de experiencia reales que hacen posible que las matemáticas seas una disciplina.

Leibniz diferencia verdades de hecho, y verdades de razón, las primeras tienen su componente último en las mónadas, imágenes (imposibles) de acciones, las verdades de razón, sin embargo, son las formas que adoptan en superficie (en agregados) las acciones, pero lo más interesante es que la singularidad de las mónadas está tambien en los agregados cuando dejan de estudiarse según sus condiciones de posibilidad (universales y particulares).  Encontrar la esencia de un agregado es buscar su causa última, si le corresponde una mónada, pero estas no están nunca ahí, porque no es posible ningún tratado de monado – logía, a no ser que la unidad, totalidad de la mónada pueda entenderse según dia – logía, de las razones (y sus verdades) sincrónicas o diacrónicas que estudiamos en superficie.

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