Novena serie de variaciones (Introducción)

De la serie novena hasta la doce ya no acompaña ninguna aporía, en realidad, están todas presentes de algún modo. Las aporías principalmente tiene el papel de plantear en el pensamiento, lo que las ciencias han de reducir a respuestas, desde la biología o la física o química, hasta la economía pasando, por toda una serie de disciplinas que van de las llamadas ciencias empíricas hasta las sociales. Con el tercer bloque la filosofía trata de la teoría misma, del hacer entendido no como poiesis – producción, o praxis – acción, sino como drama – representación. La novena serie de variaciones de variaciones tiene como campo de estudio el lenguaje, como una forma de representar las producciones y las acciones. En este caso en la medida que nuestro planteamiento gira en torno al hacer, antes de sumergirnos en cuestiones de lenguaje, tan característico del siglo XX, con la filosofía analítica, la hermenéutica u otras. Planteamos las condiciones más generales del problema en Platón, volvemos sobre la Apología de Sócrates, en ese episodio donde Sócrates interroga a sus conciudadanos para probar su condición de hombre más sabio, según el oráculo de Delfos, necesariamente habla con especialistas, poetas, artesanos, políticos que resultan ser sabios en sus tareas, cuando las llevan a cabo, pero difícilmente cuando hablan de lo que saben, por lo que Sócrates está planteando no tanto la cuestión de la producción o las negociaciones entre ciudadanos, sino sobre la teoría de lo que hacen, y lo que se ve más o menos claro, es que lo que en realidad está sobrevolando es el papel de los sofistas en esta tarea, la de teorizar sobre lo que se hace.

El otro elemento que nos permitirá plantear la cuestión es el tópico del símil de la línea que Platón traza en La república (final del libro VI), en estos párrafos diferencia un modo de ver la realidad y el pensamiento, además puede verse que las distintas partes en los que divide la línea Platón tienen cierta correspondencia con los estamentos productivos- práxicos representados en la Apología; los poetas como productores de imágenes, meras conjeturas para el pensamiento; los artesanos productores y conocedores de lo natural en tanto que lo practican y transforman, no tienen más que un conocimiento basado en la creencia, que no tiene porque coincidir con lo que hacen; bien distinto es la realidad que manejan los políticos una realidad que más que ninguna otra tiene que estar sometida a proporción, difícil de conseguir, pero que quizá subliman cuando mandan construir los templos y estatuas, y entienden que algunos problemas prácticos están íntimamente asociados a problemas teóricos. Así, por ejemplo, lo señala José Luis Pardo en La regla del juego, con la relación entre la resolución de un problema geométrico y la dificilísima gestión de la peste de principios de la guerra del Peloponeso. Los políticos tienen como instrumento la palabra común para convencer a sus conciudadanos, pero en momentos de extrema dificultad se les reclama un conocimiento exacto, para lo más difícil de mantener la armonía, no de los edificios, sino de las pasiones. A los políticos se les reclamaría, pues, un conocimiento discursivo sobre la medida, la magnitud, de los problemas de la praxis. Esta difícil cuestión es la que puede que se vea a Platón como un ingeniero social, pero es la última división la que debe corregir esta percepción sobre Platón.
Los sofistas aparecen como los que dan una apariencia de armonía en el discurso, apariencia de consistencia, que en los edificios está ahí mientras éstos no se caigan, pero la armonía de las pasiones ha enfrentarse a tantas inclemencias temporales o más que un edificio. Y es sobre esta enseñanza de los sofistas, que señala los últimos partes de la línea, las formas, las ideas, y que corresponde a la inteligencia verlas, pero el discurso más adecuado no es el discurso matemático, sino la dialéctica, ni los objetos matemáticos que nos acostumbran a soluciones verdaderas sino las ideas, las formas que han de sostener la consistencia en el tiempo que se desarrollan nuestras acciones. La dialéctica ha de contribuir a este tipo conocimiento y pensamiento que es un tipo de acción que no se deja llevar por las apariencias. Esta interpretación está basada en la solución posterior del estoicismo y separa del tópico del filósofo rey, como arquitecto de la concordia entre los seres humanos. Los distintos modos de expresión que corresponden a la división ontológico – gnoseológica, empezando por los de abajo son: poesía, retórica (espontánea), conocimiento discursivo (ciencia y retórica profesional), y por último, dialéctica.
La tríada que estructura esta serie de variaciones, está asociada a la comprensión que nos permite la lengua, una primera comprensión diacrónica, a través, del tiempo, las historias, las enumeraciones, los inventarios, la aritmética; otra comprensión la sincrónica, al mismo tiempo, las imágenes, los dibujos, las delimitaciones, la geometría; y una tercera que señala la necesidad de ambas sin confundirlas, todo es logos, todo es palabra hasta la imagen es signo, por tanto, lo dia – lógico, es la comprensión a través del logos ya sea dia – crónico, ya sea sincrónico. La potencia de la escritura alfabética permite naturalmente el diálogo, como ningún otro lenguaje ni basado en imágenes ni el demasiado formal, además de necesitar, para ser comprendido toda la potencia figurativa de la oralidad.

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