Las flechas, un libro sobre la economía del tiempo y la información.

IV. Las dos primeras variaciones pretenden presentar como de  la producción natural surge algo distinto que podemos llamar producción artificial. Lo que aporta estas dos primeras variaciones es la necesaria propuesta que ni la producción natural (el origen de las especies) es producto de intervención divina, ni la supuesta especificidad humana capaz de un hacer distinto al natural es, tampoco, intervención divina.  Es preciso en este momento presentar una obra de economía muy general, que ofrece un esquema que puede ajustarse perfectamente a la estructura diacrónica en la que se desarrollan estas variaciones la obra se titula Las flechas, sobre la economía del tiempo y la información de Juan Carlos Martínez Coll, y está disponible en eumed.net. Esta obra plantea las dificultades por las que atraviesa la economía para explicar el presente y afirma que ninguno de los tres grandes paradigmas es capaz de dar explicaciones suficientemente satisfactorias, a saber, el modelo neoclásico, el marxista y el keynesiano, para ello apela a algunas ideas de la escuela austríaca de economía sin declararse seguidor de la misma, a este respecto es interesante revisar uno de los apéndices donde plantea algunas consecuencias que esta escuela plantea en contra del Estado, a partir, de la teoría de las instituciones, principalmente, desarrollada por Hayek. Sin embargo, lo que más interesa para nuestro propósito es el esquema de como el tiempo como el recurso originario, ha informado la realidad desde el principio de los tiempos hasta la actualidad en el que el ser humano se plantea su hacer, sus quehaceres. El esquema es suficientemente general, y abierto para que sea adoptado por la filosofía y puede verse con cierto desdén entre los especialistas (quizá por ello mismo encaja tan bien en estas variaciones).

    Martínez Coll apunta a que el tiempo como forma de información original lo es,  siguiendo con las teorías físicas más aceptadas, desde hace 13 mil millones de años el tiempo estimado para situar el big bang, más recientemente con la aparición de la vida en la tierra la información se da en forma de energía capaz de conservar tiempo y replicar las formas que conservan tiempo. La clave en estos dos procesos es la conservación del tiempo, el mundo está hecho de duraciones siguiendo a Bergson. Pero el autor va un poco más allá y hace unos 600 millones de años en un momento en el que los biólogos afirman que hay una explosión de vida aparecen los animales con algún tipo de sistema nervioso muy primitivo, que permite que a la relación entre tiempo y energía se añade el saber como formas de buscar energía, conservarla más allá de la pasividad anterior (es peligroso hablar de actividad – pasividad como si a partir  de este momento apareciera algo que los hace activos  a los seres vivos cuando antes no lo eran). El saber como forma de informar el tiempo de relacionarse con el medio es un concepto que Martínez Coll recoge de Hayek. La característica principal del saber es que las formas no sólo dependen de su estructura sino de cómo funciona, y la clave es que las conductas empiezan a ser muy variadas todas dirigidas a conseguir energía para ellos, para la descendencia o en pos de la especie, que es una forma de ahorrar tiempo, no estar todo el tiempo, pues, dedicado a conseguir energía. Los seres vivos no sólo son formas, estructuras moleculares, sino que estas estructuras se hacen flexibles para seguir conservándose como tales. Ejemplos que pone el mismo autor es el del león macho que apenas hace nada durante el día, puede llegar a dormir 18 o 20 horas, este tipo de conducta forma parte de su saber como una estrategia que combina tiempo y energía. Los chimpancés, bonobos y orangutanes que citábamos más arriba (en el post anterio) lo que están mostrando es un tipo de saber que consiste en almacenar algo que les va a ser útil para conseguir energía, y que no se puede confundir con el almacenamiento de energía como hacen las hormigas de la fábula, y las ardillas Chip y Chop. La economía, entendida como aprovechar el recurso originario por excelencia, el tiempo, que sólo es tiempo y energía, es economía natural; la economía que además añade el saber es economía instintiva.

    Estas economías forman parte del ser humano pero además añade tres tipos de economías, que son tres formas de racionalidad, la primera de ella es la economía tradicional que añade instrumentos al saber, el autor sitúa este tipo de economía hace unos 3 millones de años (de nuevo estos cortes son orientativos y si no se los toma de manera estricta aclaran y no confunden que es lo que ocurre cuando estos cortes son adoptados como verdaderos cortes y no más que puntos de referencia en algo que no puede ser cortado). Los instrumentos siguen la tendencia que ya introdujera el saber invertir tiempo en hacer herramientas como antes en conservar a la prole, o guardar alimentos, para ganar tiempo. Esta inversión en tiempo productivo, hace más fácil el posterior tiempo consuntivo. Es interesante como una presa para un homínido que tiene herramientas es más barata que para el que no la tiene, le cuesta menos, pero es el tiempo invertido el que ha bajado el coste de tal captura. Desde esta perspectiva podemos plantear que antropológicamente el ser humano es capitalista, invierte tiempo y energía, en conseguir de manera más eficiente tiempo y energía a través de su saber que se manifiesta en la producción de instrumentos como verdadero capital.

    La producción de capital de bienes, aumenta en el Paleolítico superior, con el denominado auriñaciense el modo IV  de la técnica, que corresponde al hacer que el homo sapiens desarrolla hace unos 35 mil años, en este momento lo que aparece es un tipo de información nueva que debe ser administrada, la cantidad de producción le corresponde un forma de hacer que permita su conservación que hasta ahora no se había necesitado lo que aparece son los derechos, Los derechos de propiedad que se desarrollan entre 35 mil y 10 mil años, es decir, antes del Neolítico. Martínez Coll plantea con mucho tino que la experiencia de conservar el producto del hacer no es una cuestión asociada a la producción de alimentos que es lo que ocurre hace 10 mil años, la mayor capacidad productiva que caracteriza a la última fase del Paleolítico familiarizó a los seres humanos con un espacio normativo distinto al del natural como nunca antes había ocurrido. La función normativa se desarrolla aquí de manera especialmente significativa.  Esta economía la denomina economía política, es decir, la como la necesaria capacidad de administrar lo producido, y es economía política antes incluso de que se construyeran ciudades, aunque antes del Neolítico se tienen algunas evidencias de la concentración de poblaciones relativamente grandes en esta época (ejemplo Göbekli Tepe) 
   La última etapa es la que denomina economía financiera, la aparición del dinero es la forma que el tiempo ha adquirido para informar a las poblaciones que han aumentado considerablemente su producción y los intercambios. El dinero aparece junto con otras formaciones como la ciudad – estado y la escritura, todas ellas tienen como función principal orientar las acciones de los seres humanos en un medio de complejidad muy elevado en las relaciones que establacen los seres humanos. Las funciones ejecutivas, normativas y especulativas demandan una representación en estos momentos que son las protoformas de los poderes legislativos, ejecutivos y judiciales de los que se teorizará miles de años después. El dinero en este contexto aparece como un tipo de útil asociado a unas características muy precisas de producción y de intercambio, que además permiten informar sobre las mismas.
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