¿Qué es la información?

La información es la acción de informar, e informar es dar forma sustancial a algo, y la sustancia de algo es aquello que permanece frente a lo que cambia, y hasta aquí es suficiente para caracterizar que entendemos por información y como la entendemos según la Filosofía como teoría de lo que hacemos. La metafísica se ha presentado tradicionalmente como una disciplina que es capaz de dar una imagen de lo que hay y de como pensamos. La fórmula más adecuada para expresar de lo que la metafísica trata es de Aristóteles, pero citada por Hegel tiene más enjundia si cabe.

Este contenido absoluto, que en sí es espíritu concreto, es precisamente esto: tener por contenido propio la forma, el pensamiento; Aristóteles, con su concepto de la entelequia del pensamiento, que es νόησις τής νοήσεως, se ha elevado, a la altura de la conciencia pensante de esta determinación, superando la idea platónica, que es el género, lo sustancial. (Hegel. Enciclopedia de las Ciencias filosóficas, párrafo 522)
La fórmula conciencia pensante, o contemplación pensante, puede verse según la acción de informar como una fórmula de extremos difícilmente conciliables, incapaz de sintetizar un sentido claro, pero no por ello tiene una capacidad inmensa de sugerir sentidos. El término  conciencia o contemplación se refiere a algo ya formado, y supone que toda la información está dada, mientras que lo pensante como ejercicio extremo es el de lo no formado en la que ninguna información está dada o que no podemos garantizar la permanencia de nada, ninguna duración es, por así decirlo, satisfecha. No parece que nuestras vidas transcurran de esta manera sino que tenemos información y andamos entre formas ya hechas, y, por otro lado, descubrimos a cada paso informaciones que se desvanecen, así como formas efímeras. La metafísica tiene a Hegel y a Leibniz como los dos filósofos que han intentado pensar esta fórmula imposible que Aristóteles lanzara. El primero lo hace con el desarrollo de la historia universal en la que se desarrolla el espíritu absoluto, y que liga todas las historias particulares, sin embargo, esta contemplación que es el espíritu absoluto en la medida que haya llegado a su fin y en la medida que debe ser pensado por otros particulares, éstos no lo hacen más que desde una conciencia pensante particular y que no tiene porque coincidir con el absoluto, por lo que el espíritu absoluto, le pasa como al Dios de Aristóteles que por ser fórmula absoluta (desligada) no tiene nada que ver con el mundo real.
En el caso de Leibniz las contemplaciones pensantes son singularidades, cada una de ella es una conciencia (según grado), pero también todo lo que se puede pensar. Tanto en un caso como en otro lo que parece no ser pensado es como las cosas ocurren y establecen algo de información, sin clausurar, la novedad la información nueva. Lo que no son capaces de pensar son los intersticios que toda contemplación pensante supone.
En términos de la fisica actual el universo pensado en su totalidad, todo él expresa el conjunto de la información dada, una inmensa contemplación, y por otro lado lo infinitamente pequeño que apenas puede pensarse, partículas que no duran suficientemente para “contemplarse”, sin embargo, el inmenso término medio es lo que está por determinar, lo determinable en la medida que hemos de dar cuenta de como se in-forma, como se establece la pluralidad de duraciones o permanencias.
La dificultad es pensar como la realidad se determina completamente, esto es lo que significa una conciencia, una contemplación o entelequia, según el término aristotélico, sin negar las determinaciones recíprocas que siguen actuando, sosteniendo esa determinación completa, es lo que significa pensante, cálculo o energeias en términos aristotélicos también. Lo difícil es saber como pensar la no coincidencia entre contemplación y acción de pensar, entre lo acabado y lo efectivamente realizado. Este espacio no puede ser más que un trayecto una diagonal, entre dos límites, que no remite a forma alguna, sino a mera función.

La praxis humana está dirigida por este mismo pensamiento imposible, por un lado la humanidad realizada completamente, que se observa y se contempla así misma, adquiere conciencia de sí; y por otro lado, las acciones singulares ínfimas que llenas de sentido aparecen y desaparecen constantemente, algunas de las que apenas nos damos cuenta y, que, sin embargo, tienen efecto sobre esta imagen absoluta que la humanidad demanda, como el más común de los sentidos.

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