La ciudad en esquemas.

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(Fragmento de un trabajo en curso)
En estas sociedades extensas lo que se va perdiendo es ese sentido íntimo de comunidad. Rousseau a visto esto con agudeza muy fina. La diferencia entre voluntad, razón y conciencia o entendimiento en este punto radica en que la voluntad siempre asociada a las pasiones las que sólo pueden ejercitarse en comunidad, familia o creencia religiosa se ven obligadas a ser razonadas, calculadas en un lenguaje claro que todos puedan entender dar cuenta. La razón, por tanto, es el verbo, es el juicio en acción y el entendimiento no puede ser otra cosa que el conjunto de predicaciones diversas que se llevan a cabo en sociedades de producción e intercambio complejos. Por ejemplo, la tabla de los juicios, o las categorías de Kant han de corresponder con el esquematismo no de la imaginación ni del entendimiento, sino del conjunto de humanos que históricamente, según las condiciones poiéticas y práxicas, constituyen un a priori que configuran las condiciones trascendentales del juicio. En la medida que estas sociedades diferencia distintos tiempos que son capaces de aunar, de sintetizar y ser conservados en tales ciudades.

El tiempo cosificado que es el espacio en las categorías de cantidad, dependen de las acciones singulares sobre la tierra que, sin embargo, han de traducirse a una unidad o un universal para garantizar, otras particulares mediciones o problematizar con ellas. Pero este tiempo practicado visto desde la perspectiva de su cristalización es el espacio, pero visto desde la praxis misma, la que dota de sentido al espacio practicado, es intensidad, la que configura la realidad, la que afirma la realidad, el propietario de la tierra que trabaja no la reduce al plano o las mediciones que la describen. La contraposición es su negación, que siempre puede resultar como consecuencia de otras prácticas, la disputa por un linde, por ejemplo. Virtualmente el linde puede ser figurado o idealizado según reglas universales de medida y reflejando eventuales particularidades, pero la distinción real de tal linde depende de un tiempo intensivo y la disputa no se resuelve con los cálculos exactos que proporciona la matemática, sino con cierto apaciguamiento de las pasiones. En una ciudad, debe darse las dos cosas, la idealización de las medidas y el apaciguamiento (aún provisional) de la medida efectiva que contrapone pasiones. La dificultad, para Rousseau, es que en la ciudad se ha perdido el aire festivo que expresaba en una sola voz la comunidad entera. Entre la cantidad y la cualidad lo que aparece son todo un mundo de relaciones que son exteriores a los términos tanto cuantitativos: tres metros de tela, como cualitativos una pizca de sal. Las relaciones dependen de las distinciones reales. La dificultad es que la idealización matemática es muy ilustrativa de lo que hace la naturaleza, física o biológica, pero lo difícil como ocurría con las cualidades es identificar que es el sujeto o sustrato al que se refieren tales mediciones, por ejemplo, en biología la unidad de evolución puede a veces ser propuesta la población por unos, la especie como concepto, o en otras el acervo genético. En todo caso los datos son hipotéticos que cuestionan lo categórico de los primeros, en la medida que la sucesión o la inducción amenaza, la inducción que posibilita identificar un sustrato con las caracterizaciones principales. Los juicios disyuntivos suponen desde el punto de vista del método la abducción necesaria para que la inducción y la deducción convivan. Suponer que es la población o la especie la unidad de evolución permitirá un tipo de deducciones distintas en un caso o en otro pero también resistirán mejor o peor los datos empíricos que se tomen. La permanencia de tal sustrato y la sucesión de evidencias empíricas configuran la coexistencia de ambas en la singularidades (no sólo como dato, sino como resultado de una práctica científica concreta) que son verdaderas, especialmetne verdaderas, porque aúnan método y sistema, inductiva y deductivamente. La clave de esta singularidad no radica sólo en que son resultado del denominado contexto de justificación de la ciencia sino también del denominado contexto de descubrimiento. La necesidad, por tanto, de tales estudios no sólo debe responder a la necesidad de los juicios problemáticos que alcanzan a una necesidad puramente idealizada (como ocurre con algunos modelos físicos), sino de que ha de responder a la necesidad sobre los juicios asertóricos sobre la existencia misma (lo que permite decir que los juicios apodícticos sobre la praxis misma se dan). Y es que hay verdades en todo tiempo que, sin embargo, ocurrieron sólo o han de ocurrir en un tiempo determinado.
Rousseau por ejemplo, afirma que la verdad de la voluntad general es verdad en todo tiempo aunque sólo se haya producido algún rasgo de ella en tiempos determinados, que la humanidad ha recorrido efectivamente.
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