Evolución biológica IV (Salta la rana, visto por un poeta)

 La dificultad para dar una explicación adecuada del cambio de forma, o del movimiento (porque la teoría de las causas de Aristóteles pretende explicar tanto el movimiento entendido como kínesis, como el cambio entendido como metabolé) no es tanto porque no identifiquemos los tipos, las especies o los individuos, sino que su estudio pormenorizado nos revela la dificultad de algunas certidumbres. Mantener la tensión entre la propuesta universal-platónica, y la propuesta particular-aristotélica o la tensión entre forma y función, sirve precisamente para ver que el problema de la investigación está siempre abierto.
Las cinco “ranas” con las que Steve Rose en su libro  Trayectorias de vida ilustra las distintas perspectivas de la biología y como se aproxima al cambio (cinco biólogos que meriendan a la orilla de un río ven a una rana saltar). Las explicaciones las da un biólogo desde una perspectiva fisiológica, otro etológica, un tercero ontogenética, el cuarto evolutiva y el quinto y último molecular. En todos los casos se supone un desarrollo, que cada uno sitúa en un ámbito distinto, el fisiólogo habla de nervios, de músculos; el etólogo centra su explicación en la percepción de peligro de la rana ante la proximidad de una víbora; el tercero da una explicación ontogenética, implica en la explicación del salto de la rana  todo el proceso de desarrollo individual de la rana (la genética expresándose es aquí la protagonista), si el desarrollista ha incluido la historia individual de la rana; el evolucionista incluye la historia de la especie para explicar el salto de la rana que acaban de ver por último; el biólogo molecular traslada la explicación a los fenómenos físico-químicos. El propio Rose advierte que ninguna explicación es satifactoria y que hay que tener en cuenta todas ellas. Cada una de ellas remite a una estructura que es susceptible de ser matematizable, pero el caso es que la singularidad de la rana saltando ahora, es singularmente única, y se desarrolla en un tiempo, si se quiere absoluto, desligado de los demás, porque ninguno da una explicación concreta y la suma de ellos no es más que una aproximación. El tiempo o la duración del ese salto de la rana coimplica (la temporalidad que el fisiólogo describe, pero también la del etólogo que antes de saltar la rana ha de advertir las condiciones del medio, o en el caso del desarrollista y evolucionista cada uno describe temporalidades distintas ligadas, pero diferentes, o en el caso de la explicación físico-química es interesante pero no dice nada de porque estructuras nuevas son capaces de aparecer).
Las distintas funciones que pueden señalarse en cada caso  describen una forma, con sus constantes, sin embargo, la suma de todas lo que muestra es que el sentido completo de lo que estudiamos es por la singularidad de las acciones que lleva a cabo la rana, u otro animal. Se hace tan complejo advertir en qué consiste la completud de la explicación que no podemos más que remitirla en términos de sentido, ahora bien, la ciencia no necesita este tipo de explicación completa, sus hallazgos los del fisiólogo, etólogo, desarrollista, evolucionista o físico-químico son verdaderos en mayor o menor grado respecto de la acción de la rana, pero en todo caso verdadero. Y que ese salto de la rana sea ab-soluto (desligado), no quiere decir que no pueda ligarse a diversas explicaciones, sino que no hay manera de disolver tal salto en explicaciones que lo vacíen de sentido.

Steve Rose dice en su libro :

En resumen: colocar al organismo y su trayectoria de vida nuevamente en el centro de la biología, contrarrestar la visión geneticista del mundo que predomina en los trabajos de biológicos tanto en divulgación como técnico – filosóficos de las últimas décadas, significa reemplazar la visión estática, reduccionista, ADN – céntrica de los sistema vivos que impregna el pensamiento biológico con el acento puesto en la dinámica de la vida. Debemos ocuparnos del proceso, de la paradoja del desarrollo en virtud de la cual cada organismo debe simultáneamente ser y devenir, así como el recién nacido debe ser capaz de succionar el pecho y a a la vez adquirir la capacidad de masticar y digerir alimentos sólidos, y con el intercambio constante entre los organismos y sus ambientes. Estos procesos de desarrollo trascienden las dicotomías tocas de naturaleza y nutrición, gen y ambiente, determinismo y libertad. En su lugar, debemos hablar de la dialéctica especificidad y plasticidad durante el desarrollo, la dialéctica a través de la cual se construye el organismo vivo. La propiedad central de todas las formas de vida es la capacidad y necesidad de construir, mantener y preservarse, un proceso denominado auotopoyesis. Es por ello que, en tanto organismos vivos y en particular como seres humanos, somos agentes libres, lo cual corresponde a la naturaleza misma de la vida y los procesos vivientes. No somos libres en el sentido sartreano del primer epígrafe de este capítulo sino en el viejo sentido marxista de libertad frente a la necesidad. Los humanos, más que cualquier otra forma de vida en la Tierra, hacemos nuestra propia historia. (Steve Rose. Trayectorias de vida, pag. 38)
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