La causa final o la aporía del primero o el último (III).

VI. La aportación de Aristóteles frente a Parménides, Demócrito y en menor medida Platón la finalidad no sólo atañe al relato o al discurso, quedando lo real como permanente, necesario e inmutable, sino que en los entes se ha de distinguir algún tipo de finalidad, y no sólo como la forma misma de la expresión en el contenido mismo ha de distinguirse algún tipo de finalidad. En este sentido, el primer motor inmóvil no puede entenderse como capaz de finalidad ya que no se distingue en él un desarrollo un primer momento distinto de un segundo al que tienda y que pueda ser susceptible de denominarse el fin al que tiende. No hay distinción entre primero y último. Este movimiento es el que se designa según los términos de entelequia y energeia, el primero puede entenderse como movimiento completo, consumado, mientras que el segundo es movimiento efectivamente realizado. La importancia de esta distinción es crucial para entender como Aristóteles inserta la causa final sin  caer en el inmovilismo de los autores antes citado y del inmovilismo que le lleva a proponer el primer motor inmóvil.
Además le permite introducir el concepto de potencia como un concepto límite entre los dos movimientos. Una forma de entender erróneamente el cambio en Aristóteles es caracterizarlo como el paso de la potencia al acto, ya que sólo hay cambio de algo actual a algo actual, porque estaba en potencia, pero no es posible pensar la potencia pura. En este sentido el concepto de potencia es un concepto límite que no puede ser pensado por sí mismo, a saber, no puede ser representado más que como límite.

VII. Los movimientos y cambios de los organismos vivos no podían explicarse si no se introducía algún tipo de finalidad, incluso en la actualidad reducir a mecanicismo la vida no parece cosa fácil aún enmarcado en la más estricta visión racional y científica. La dificultad propia del aristotelismo es la de la naturaleza del ente capaz de movimiento, la de un agente, como la de un ser humano, pero también la de un animal o incluso una planta. La dificultad radica en que a pesar de que Aristóteles no siga por esa línea inmovilista señalada, sigue funcionando y la forma de un individuo debe ser un movimiento consumado, acabado, completo casi a imagen y semejanza del primer motor inmóvil. Esta es una aporía de la que Aristóteles difícilmente escapa, no tanto en la Física como en la Metafísica. Si la forma de Sócrates es la de Sócrates en plenas facultades como señalar el primero de sus movimientos o acciones en la que podamos identificar a Sócrates, o por el contrario el último de sus movimientos o acciones, una vez tomada la cicuta. En esta dificultad lo que aparece de nuevo es la primacía de la expresión para vislumbrar la forma Sócrates, qué es Sócrates o tal vez, quién es Sócrates. Y volvemos de nuevo sobre el logos, sobre las historias, los discursos, los mitos, las leyendas, lo que produce sentido frente a la verdad a la que apunta la propuesta de las formas.

VIII. Y de nuevo la imagen de Sócrates, que llevó a cabo acciones y movimientos, ha de ser juzgada por la huellas que dejaron en otros (Platón, Jenofonte, Aristófanes como fuentes directas) y que urge como siempre desbrozar lo que hay de cierto de lo que hay de mito, en definitiva ser capaz de ver la verdad, sin embargo, el discurso no está nunca agotado completado, acabado como  no lo parece que esté la esencia que es Sócrates en tanto que entelequia. La entelequia no es  una ilusión en el sentido que afirma el diccionario (María Moliner), sino un problema la forma del problema y que remite en primer lugar a dos movimientos o acciones que han de ser llamados energeias, movimientos efectivamente realizados, es necesario para tener una primera imagen de Sócraten enmarcarla entre dos movimientos un primero y un último que necesariamente deben coincidir con lo que hizo Sócrates aunque la referencia a lo que hizo, pueda la delimitación de dos acciones que otros ponen de relieve (las fuentes) y que por supuesto tienen como causa última lo que hizo el Sócrates real. Por tanto, cualquier idea que nos formemos sobre Sócrates no puede pretender apelar a una primera o última razón éstas se encuentran entre las cosas, entre lo dicho y lo escrito y la imagen que vayamos teniendo sobre Sócrates nunca será definitiva, más bien a medida que vayamos profundizando en su conocimiento lo que nos aparecerá es la conciencia de que su forma es la forma de un problema. Pero al problema lo que hay que reclamarle es que al menos en su estructura remita a elementos verdaderos.

IX. Sin embargo, no debemos olvidar que el nombre propio Sócrates designa muchas cosas, pero en último instancia designa las relaciones y operaciones propias de un ser corpóreo, para evitar en todo caso que el problema aún siendo ideal no aboque en el peor de los idealismos. Y esto es lo que Aristóteles propone con su concepción del alma, con sus movimientos propios de un cuerpo cualquiera:

respecto de las facultades del alma que hemos hecho mención, algunos seres vivos, como hemos dicho, las poseen todas, otras algunas tan solo y otro, en fin, solamente una de ellas. Las facultades mencionadas son las de la nutrición, del apetito, de la sensación, del movimiento en el espacio y del pensamiento.  (Del alma 414b)

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