A través del espejo.

Supongo que alguien se habrá preguntado qué tiene que ver la Economía con Lewis Carroll, y si no ha sido así me lo pregunto yo, y más exactamente me pregunto qué tiene que ver la Escuela Austríaca de Economía con Lewis Carroll y más concretamente con la lógica del espejo que manifiesta en alguna de sus obras y relatos.
Una de las ideas más interesantes de la Escuela Austríaca es que son los precios los que determinan el coste, y cualquier valoración de la naturaleza en general. La idea parece contraintuiva si el trabajo y la naturaleza son fuentes de riqueza lo que  determina a esta, sin embargo, son los precios. Los precios son determinados por las relaciones no inmediatas que establecen los hombres, y a más lejanía los precios tienden a manifestarse de manera más exacta y precisa. Las relaciones de reciprocidad de la familia o de la comunidad no son de este tipo y los límites son más elásticos, se difuminan, pero la lógica del espejo también se dan en esta relación, a saber, son las relaciones que se establecen entre ellos las que crean las valoraciones sobre su entorno y sobre el trabajo.
Pero en una sociedad extensa estas mismas relaciones laterales (llamemóslas así en la medida que se establecen con nuestros semejantes, a diferencia de las que establecemos con el medio o con nosotros mismos) alcanza su máxima expresión y vemos que las valoraciones más altas no pueden desligarse de la cuestión crematística, no son exactamente lo mismo pero una teoría de los valores que no atienda al hecho de que ponemos precio a todo no será nunca una buena teoría del valor.

Y, ¿qué son los valores o los precios como resultados de las acciones que establecen los seres humanos entre sí? La respuesta de la que soy hoy capaz dar es que son formas de expresión y que tienen cierta primacía sobre lo efectivamente se transforma con el trabajo, o a partir de la naturaleza, que podríamos denominar formas de contenido. Y por supuesto, las relaciones que se establecen entre uno y otro no son de causalidad, el contenido, las cosas que resultan de la transformación o uso de la naturaleza no causan los signos que permiten luego valorarlo ni al revés, en realidad se presuponen unas a las otras y las segundas tienen primacía sobre las primeras. Ahora bien, cómo se relacionan los signos, que permiten hacernos una idea de lo que hacemos, valorarlas, ponerles precio, despreciarlas, apreciarlas, estimarlas. La clave del asunto es la inclinación de cada uno en relacion con las inclinaciones de los otros la que determina una cifra, un precio (por supuesto que este precio remite a un contenido que no es inmediatamente el producto que valora, sino  a un contenido que es como una detención un pacto – un pacto cada vez – entre los afectos de los que participan).
La paradoja es que el resultado del precio es una parada de algo que siempre está en funcionamiento, y por tanto, la detención y el precio es una ficción de algo que efectivamente ocurre, sin embargo, la forma que en la práctica esto ha sido tomado en cuenta, ha sido con el regateo, que es algo así como pongámosnos de acuerdo en una ficción que nos satisfaga a los dos y que valdrá para aquí y ahora, después no tiene porque valer. La ficción es que la imagen que vemos, en forma de espejo, no es la definitiva pero renunciar a esta forma de funcionar en una sociedad extensa es absolutamente nefasta, es pretender apelar a una comunicación transparente sobre un fondo o acuerdo común anterior preexistente, lo que sí que es una ficción desatrosa. En realidad no hay comunicación de este tipo ni en la familia ni en la comunidad.
Por tanto, el hecho de poner precios exactos, precisos es la forma de entenderse en una sociedad extensa, además la teoría encuentra en esta práctica, el último escalón para poder existir. La praxis de poner precios de valorar con exactitud y precisión demuestra que la producción por sí misma no es  fuente de riqueza más que un sentido muy limitado, y es que esta praxis lo que designa es el uso concertado, consensuado de los afectos, de las apreciaciones o estimaciones. Y si en algo tienen razón la Escuela Austríaca es que el Estado no puede ser el gran espejo en el que todo individuo se acerque a ver lo que valora en relación con los demás y eliminar la incetidumbre de precisar en cada caso los precios y los valores que se está poniendo en juego.

Como muy probablemente hay cuestiones oscuras les propongo el visionado del siguiente video.

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