Variaciones sobre el símil de la línea V.

Ahora bien, el hacer de artesanos, poetas y políticos no es el mismo y por tanto la naturaleza de su sabiduría, esa misma que Sócrates ha probado que no son capaces de saber en qué consiste, tampoco es la misma. Sócrates advierte que la sabiduría de éstos es apariencia de la misma, efecto de su capacidad para resolver problemas artesanales, poéticos y políticos que no añade, sin embargo, nada al contenido efectivo de lo que hacen. Por tanto, si la actividad no es idéntica a la explicación de la misma, la búsqueda de la naturaleza recta de la actividad no es un asunto práctico sino teórico que acaece en el lenguaje. La expresión que pretende establecer los contenidos de las actividades ha de ser considerada de diversa forma, principalmente porque mientras los artesanos pueden diferenciar lo que dicen de lo que hacen, al fin y al cabo su material de trabajo no son las palabras, en el caso de poetas y políticos no ocurre lo mismo. Sin embargo, el contenido de su quehacer no es la expresión en palabras que tienen que manejar, sino que este contenido son los afectos que han de conmover lo primeros e incitar a la acción los segundos.
Por tanto mientras que en la tarea de poetas y políticos el contenido de su quehacer está íntimamente ligado con su expresión, en el caso de los artesanos la diferencia es clara. La convicción con que hablan los artesanos está apoyada en las pruebas que resultan ser los artefactos que producen. En el caso de poetas éstos pueden aparentar mayor confusión porque siendo las palabras su material de trabajo, cuando cambian de registro no muestran la misma habilidad, aún así pueden esgrimir que en sus resultados está la sabiduría. Los políticos cobran una especial relevancia porque no pueden permitirse el lujo de titubear sobre sus explicaciones como podría ocurrirle a los poetas, pero saben que su obras no son de la naturaleza de los artesanos, pero precisamente esta seguridad que han de mostrar es porque sus palabras entran en rivalidad con las de otros a la hora de conformar la acción de la ciudad. Parece obvio que la tarea que más le interesará a Sócrates sea en este caso el del político, y no tanto en la rivalidad directa de gobernar la ciudad sino por la pretendida seguridad que muestran, cuando los hechos le están tantas veces contradiciendo, o los discursos contradictorios no pueden explicar los mismos hechos. La búsqueda de la naturaleza recta de la actividad no es un asunto práctico sino teórico que acaece en el lenguaje, esta afirmación es central para comprender que relación tiene la teoría con la enseñanza, al menos como en este contexto empieza a advertirse su relación.
Los aprendices de artesano, aprenden haciendo y los comentarios o indicaciones que le hace su maestro no tienen especial interés más que como indicaciones auxiliares, pero lo que no hay es un corpus teórico que trate sobre la labor de artesanos o poetas. El caso de los políticos es diferente porque parece que se hace necesario evaluar en qué consiste su actividad que fundamentalmente es verbal y en la que no se puede evitar la controversia. No quiere decir esto que haya una preocupación teórica real pero sí que preocupados por conseguir los efectos que se buscan en un discurso surgen un tipo de actividad distinta a la de artesanos, poetas y políticos y que principalmente está orientada a formar a políticos o a ciudadanos que han de ocuparse de la polis.
Los denominados sofistas son los que van a fomar este grupo con algunas características diferenciadoras del resto, en primero lugar los sofistas, al menos los primeros y más importantes son extranjeros, no son atenienses, su actividad no se confunde ni con la de artesanos, ni con la de poetas, ni políticos, su actividad está dirigida principalmente a la formación de éstos, a saber, de ciudadanos atenienses que se ocupen de los asuntos de la polis en su conjunto, de su administración. Además y he aquí su importancia, los sofistas se muestran como conocedores de en qué consisten los problemas que resuelven con mayor o menor fortuna los que hacen política, por lo que aunque en esta obra aún no quede claro, el horizonte que tiene delante Platón y el que va inspirar su obra es la actividad de éstos, que no es estrictamente práctica, aunque se inserte en la misma práctica de manera inmediata, ellos se declaran educadores y profesionales de la educación en la medida que cobran por ello. Ahora bien, ¿qué es lo que hace Sócrates?
Pero nada de cierto hay en todo esto, ni tampoco si os han contado que yo soy de los que intentan educar a las gentes y que cobran por ello; también puedo probar que esto no es verdad. Y no es que no encuentre hermoso el que alguien sepa dar lecciones a los otros, si lo hacen como Gorgias de Leontinos o Pródicos de Ceos o Hipias de Hélide, que van de ciudad en ciudad, fascinando a la mayoría de los jóvenes y a muchos otros ciudadanos, que podrían escoger libremente y gratis la compañía de muchos otros ciudadanos y que, sin embargo, prefieren abandonarles para escogerles a ellos para recibir sus lecciones, por las que deben pagar y, aun más, quedarles agradecidos.
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