Aporías y Filosofía antigua III.

En este blog se han escrito dos entradas con el título de Aporías y filosofía antigua (I y II, debería llegar a un total de ocho). La que presentamos aquí debería ser la última de la serie y conectaría la aporía con los estoicos. Sin embargo, la peculiaridad de esta aporía es que no tiene dos polos, ya que la mayoría de aporías pueden ser expresadas sobre dos polos que no permiten resolverse o reducirse a uno, pero parece cierto que tales aporías pasan por encontrar formas de plantearlas que las liberes de contextos que la determinan. En el caso de la aporía de Zenón lo que se pone en cuestión es como el continuo es compatible con lo discreto, la ciencia y el conocimiento ha de resolver esta aporía según el contexto que determine y según problemas muy concretos que se plantee. Pero plantearse aporías no es ocioso, nos permite enfrentarnos a la difícil tarea de enunciar ciertos problemas más allá de los contextos que lo determinan, y esta operación en sí misma es estéril si no revierte precisamente en encontrar nuevos contextos donde la aporía resuelva problemas hasta ahora inéditos, aunque la Filosofía no sería la que la resuelva, sino que esto es tarea de alguna ciencia o disciplina del conocimiento concreto.
Lo que nos ocupa aquí es una aporía que se expresaría con un sólo término, podría denominarse como la aporía del infinitivo. Pongamos el ejemplo el término “andar” hacernos una imagen de esta acción remite inmediatamente a dos términos que señalen un trayecto, un transcurrir, para que aquello tenga sentido, no hay imagen de un andante si no retenemos una imagen inicial y otra final que dan sentido a la acción misma. Pero estos puntos A y B son a su vez problemáticos, y lo dejan de ser inmediatamente cuando imaginamos un andante concreto, y un punto cualquiera inicial y otro final, dos hechos que van a acotar los hechos intermedios que no colman nunca la acción andar. En realidad, tanto los puntos A como B y todos los puntos intermedios es la representación aritmética y geométrica de un movimiento que ha de distinguirse a su vez de los hechos y las acciones.
La pregunta es porque los estoicos son aquellos a los que apelamos para ilustrar esta aporía, porque al que no se puede apelar es a Aristóteles porque hace del movimiento un acto puro A, B y todos los estados intermedios, y claro ésto sólo puede hacerse a partir del movimiento realizado. La acción misma es irreductible al hecho, la representación de la acción, su actualidad, y al movimiento, el estudio preciso y exacto del hecho (el intento más bello de reducir el hecho a la acción, como acto, como entelequia se encuentra en la Monadología de Leibniz, y la mónada es la imagen imposible, el intento fallido) . Por eso, la acción misma es la potencia, o desde el punto de vista del conocimiento lo determinable, lo que hace que el estudio de una acción o acciones concretas sea inagotable, y ello es así porque la acción siempre está tensada al porvenir, y sólo puede ser estudiada con exactitud y precisión de la que son capaces las descripción en movimientos, a partir de hechos. Y los estoicos son los que vieron la posibilidad de tramar toda una lógica de la actualidad sin copiar la actualidad misma, de ahí que la forma si… entonces, venga a decir que las acciones necesariamente han de representarse como hechos, pero éstos por sí mismos no contienen la naturaleza misma de lo que son.
El problema que la lógica estoica no puede convertirse a su vez en la estructura fija de lo real, sólo es la estructura de su explicación, pero no completa ni definitiva (no es posible el Tractatus lógico filosófico como bien se dio cuenta Wittgenstein).
Y una de las consecuencias más interesantes de este problema es que es posible identificar a lo largo del tiempo, la evolución de conductas en las que la consistencia de las últimas son contradictorias con las de las primeras, y que en el tiempo sus participantes puede que tengan un relato que los identifique y que todos los comportamientos intermedios nadie haya visto como se ha pasado de seguir una regla, a otra contradictoria con la primera. Solamente diferenciando las acciones, los hechos y los movimientos es posible explicar la consistencia de unas prácticas de una comunidad concreta en un tiempo concreto, y su evolución en la que inadvertidamente cristalizan un tipo de prácticas inconsistentes con las primeras pero consistentes en la actualidad que se ejercitan.
Como la flecha que se lanza, o el andar, se puede describir diacrónicamente, como la sucesión aritmética de puntos, y también sincrónicamente como la descripción de las propiedades de ese espacio geométrico trazado, pero una explicación completa, al menos para la conducta humana pasa por describir dialógicamente, a saber, ir de las explicaciones diacrónicas a las sincrónicas a sabiendas de su irreductibilidad, porque la acción, el verbo, el infinitivo nos muestra la irreductibilidad de las relaciones a sus términos (infinitamente irreductible, como los puntos por los que ha de pasar Aquiles).
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