El cálculo práctico es irreductible…

…al cálculo teórico. El desarrollo de las matemáticas, y la tecnología permiten simulaciones muy potentes de lo que hacemos, y han permitido la ilusión de que el cálculo práctico era reductible al cálculo teórico. Calcular consiste en realizar las operaciones necesarias para prever el resultado de una acción previamente concebida, o conocer las consecuencias que pueden derivar de unos datos previamente conocidos. Sin embargo, los procesos que lleva a cabo el ser humano y cualquier ser vivo son procesos irreductibles al cálculo teórico, porque su actividad consiste en calcular y procesar información para la que están diseñados. Esto no significa que los estudios científicos sobre el cuerpo humano no sea eficaces, sino todo lo contrario, y es precisamente suponer que en cierto modo el cálculo teórico agota genéricamente los cálculos de los individuos y estos se representan en un modelo de especie, lo que configura la ciencia médica.
La consecuencia inmediata de que el cálculo práctico no sea irreductible al cálculo teórico es suponer en al ámbito del hacer técnico una dimensión en la que esto se manifiesta claramente y es lo que se denomina arte. Concebir de esta manera el arte no supone introducir el misterio como parte de nuestras conductas, sino que el hacer se desarrolla en el tiempo, y siempre se hace desde una perspectiva subjetiva, en tanto, que es el sujeto quien calcula y no el modelo de especie de la ciencia médica, ni cualquier otro modelo construido por la psicología, la sociología o la antropología. Los objetos producidos por este tipo de práctica, por tanto, se caracterizarían por cierta falta de estandarización y esto no es tan propio del artista como del artesano, en la cual su práctica la define la maestría de un individuo. Sin embargo, esto no ha desaparecido en los trabajos más especializados de la industrialización más moderna.
El arte moderno por su parte ha puesto el acento en la especial habilidad de los individuos capaces de “cálculos” que distinguen sus obras de las de los demás. El acento por mucho que aparentemente recaiga sobre la obra, en realidad en el arte moderno recaería sobre el autor. En el caso de las vanguardias lo que mostraron es que en la producción no sólo se da este cálculo irreductible que permite la genialidad del autor, sino que un objeto aparentemente desprovisto de esta singularidad, descontextualizado, remite a los cálculos variados del espectador en su intento de recontextualizar el objeto (el urinario o botelllero de Duchamp sería el ejemplo paradigmático).
Ahora bien, la riqueza del arte como manifestación del cálculo práctico, no puede situarse en el polo del genio, porque en pos de la singularización de la obra que refleje su singularización el riesgo es caer en la nada más propia de la idiotez (del ensimismamiento), tampoco puede recaer la riqueza del lado del espectador ya el cálculo está muy limitado por la mera contemplación y el manejo de razones puramente posibilistas, lo que termina cayendo en la imbecilidad en sentido etimológico (la falta de razones, para encontrar alguna razón de la recontextualización del objeto). De esta manera sólo cuando la obra recobra su importancia porque aquello es algo y no más bien nada, ya sea por exceso de genio, o la desparación del autor. Y también cuando el autor es un maestro en un saber que no le corresponde exactamente sino que ensancha los límites del hacer, puede comunicar algo al espectador, ya que ha desaparece la idiotez propia del genio, y encuentra razones en la producción que son las de un autoría compartida, para no convertirse el espectador en un perfecto imbécil (por la cantidad de argumentos insustanciales que da) y esnob (y que su gusto coincide con la última moda, y su discurso con el del último crítico de moda).
El arte de esta manera renueva constantemente la capacidad de cálculo y por tanto de resolver problemas, sin contextos que lo determinen definitivamente. El cálculo práctico siempre se hace respecto de un horizonte que maneja actualidades, pero que a la vez pertenece a un campo de virtualidades desligado de tal horizonte .
Esta es la capacidad que tenemos desde niños, resolvemos problemas imaginativamente. Está claro que lo que hace los niños no puede considerarse arte, pero sin esta práctica no podrían existir artistas.

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