Los principios de la técnica.

La técnica quizá sea el lugar privilegiado para mostrar la Filosofía tal y como la entendemos, es decir, como “la teoría de lo que hacemos”. Y siguiendo con la diferencia entre acciones y hechos, la técnica permite comprobar en qué consiste tal diferencia, pero también ver las limitaciones de la misma. La Filosofía de la técnica antes que ser un estudio de los resultados del conocimiento científico – tecnológico debe ser un estudio de la acción a través de los artefactos. A este respecto cuando se habla de técnica o tecnología la referencia es en primer lugar de carácter antropológico y no enumerar y describir todos los gadgets de última generación, que forman parte de la técnica pero no es más que la punta del iceberg. De ahí la definición de Miguel Ángel Quintanilla nos parezca especialmente acertada: “Un sistema técnico es un sistema intencional de acciones orientado a transformar objetos concretos para conseguir de forma eficiente un resultado que se considera útil o valioso”. Ni las bellas arte, ni la economía de mercado son sistemas técnicos.
Un sistema técnico debe estar regido por dos principios siguiendo al mismo Quintanilla, el principio de eficiencia y el principio de innovación.
El principio de eficiencia puede ser caracterizado para evaluar cuando una acción será máximamente eficiente, y ésta lo será si consigue todos y sólo los objetivos que se propone (no tiene resultados indeseados); y será tanto más eficiente cuanto mayor sea el ajuste entre los objetivos propuestos y los resultados realmente alcanzados.
El principio de innovación permite evaluar la capacidad por la que los humanos concebimos situaciones deseables para nosotros, que no se corresponden con la situación dada, pero que consideramos realizables a través de nuestra intervención.
Ahora bien, ambos principios a lo largo de la historia se presentan confundidos, que puedan ser claramente enunciados como diferentes se lo debemos a la reciente historia de la técnica. La innovación tiene que ver con la anticipación del futuro no solamente respecto a las acciones, sino también en relación con el artefacto a fabricar. Antropológicamente hemos intentado anotar algo al respecto, y es que esta anticipación del futuro que tiene que ver con la técnica no podían tenerla los primeros homínidos, o al menos en un sentido que no tiene nada que ver con el actual. Parece, pues, que la técnica es en primer lugar la historia de la eficiencia y muy trabajosamente después la conciencia de la innovación. La técnica es un asunto de hechos, de objetos, artefactos, y las acciones que siendo lo más inmediato, lo que hacemos efectivamente para realizar tales productos, queda velada por el resultado, la diferenciación entre acciones y hechos, se produce también como resultado de la evolución interna de la técnica.
En este proceso de separación entre acciones y hechos creo que tiene su momento con la revolución industrial y en concreto con la aparición de máquinas herramientas capaces de crear piezas como tornillos, tuercas… intercambiables, que no fueran únicas, y por tanto, el proceso de producción se idealizaría en mayor grado (esto se dice que ya lo hicieron Arquímedes o Da Vinci, sin embargo, no son más que anécdotas respecto a su normalización en los sistemas de producción a gran escala).
Pero el proceso que va de la eficiencia a la innovación y vuelta, abre paso a un tercer principio que no menciona Quintanilla, y que es definitivo para advertir que un principio no se reduce a otro, y que su confusión ha sido una constante, pero no una confusión teórica sino práctica, y ello no está en contradicción con que se hallan conseguido a lo largo de la historia grandes ingenios técnicos o arquitectónicos. Este tercer principio a falta de un nombre mejor, lo denominaré principio de simulación, y siguiendo con lo dicho a propósito de la revolución industrial, dos son las características que explicitan su puesta en práctica: la capacidad de hacer piezas más precisas e intercambiables, y el posterior uso de medidas, y su manejo matemático, exacto. Las matemáticas como herramienta de la técnica precisan que las piezas puedan ser intercambiables, y las máquinas permiten su producción en serie. De este modo las escuelas de ingenieros deberán de aparecer forzosamente, y desarrollarán todo este proceso intermedio de proyectos, cálculos, simulaciones.
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