Hay una afirmación…

Hay una afirmación Gould que me interesa especialmente y que no puedo dejar de pensar en sus resonancias con una forma de entender lo que en Filosofía se llama el paso del mito al logos. La frase de Gould caracteriza un pensamiento que hay en doctrinas creacionistas, y que cualquiera con un mínimo de espíritu crítico, racional, científico…, no puede sostener, de ningún modo. La frase dice así: No sabemos como creó el Creador, o qué proceso usó, porque Él usó procesos que no están operando ahora en ninguna parte del Universo natural. La pregunta un tanto ingenua es y ¿qué tiene que ver esos procesos originarios con los que actualmente pueden observarse? La respuesta no sé que interés puede tener, ya que como bien ha caracterizado el paso del mito al logos el profesor José F. Martínez (página 155), en la explicación racional el fundamento es sincrónico con lo fundado, estructural. Este tipo de pensamiento, de razón es una conquista muy difícil y que nunca se realiza completamente ya que es principalmente una práctica. La explicación original, diacrónica nunca desaparece y ni desaparecerá porque forma también parte de nuestra visión de lo que hay. Y es principalmente por razones de formación de los individuos, de educación. En este sentido como afirma Dawkins no deben discutir los científicos con creacionistas o defensores del diseño inteligente, es completamente absurdo. Ya que el asunto principal es sobre algo misterioso, asunto de la fe o a saber de qué demonios. Sin embargo, el asunto se vuelve muy serio cuando la discusión es desde el punto de vista del ciudadano y sobre todo de aquellos que tienen que acceder a una formación de lo que es el pensamiento racional, crítico, compartido, público, es decir la formación de cualquier hijo de vecino. Entonces los defensores del creacionismo y de otras variedades no sólo no han de tomarse en consideración sino que son enemigos a los que combatir.
Y la evolución no se discute en los términos que pretenden imponer éstos últimos. Los razonamientos y las teorías de lo que hay o hacemos parten de procesos que operan actualmente, aunque estos tengan una historia, una evolución, pero la perspectiva no deja de ser nunca sincrónica. En este sentido la geometría euclidiana ha sido el modelo de esta forma de ver las cosas. Sin embargo, hoy en día la dificultad radica en que los procesos hay que entenderlos también en su desarrollo.
Por ejemplo, cuando paleontólogos animan a sus restos y les dan nombres, los imaginan cazando, relacionándose entre ellos, los visualizan como si de un episodio real de sus vidas estuviera aconteciendo, no introducen más que un historia verosímil que se reconstruye conprocesos bien estructurados aportados por la biología, la etología, la genética, la climatología… Y la forma de estos episodios, su desenvolvimiento, es la forma del sentido o la lógica del sentido, y puede decirse de ellos que no tienen porque ser verdaderos, sin embargo, son ciertamente verosímiles. Pero hacer del sentido algo oscuro, algo que pertenece a un Dios de designios inescrutables es también una forma de pensamiento que hay que atacar, atajar. Y que si la conquista por la verdad está más o menos ganada en la medida que las prácticas científicas tal y como las conocemos se mantengan, la cuestión del sentido es más importante porque garantiza nuestra relación con la verdad, y es mucho más endeble porque su expresión y contenido sigue en contacto con el mito del que no podemos dar el paso definitivo jamás.
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