El folklore del porvenir.

Fernando Ortiz en su obra La música afrocubana editado por Biblioteca Júcar, dice que “el folk es la “gente de abajo”, y música folklórica es música “de abajo”, (aunque) el folk no es sólo el campesino; el folk está también en las ciudades, y hay música folklórica urbana, así como la hay rural. Aun en las clases más altas puede hallarse música folklórica, porque cada uno de nosotros pertenece en parte, según lugar y ocasión, al estrato social básico”.

Ahora bien, una distinción que el mismo Fernando Ortiz se apresura en aclarar, es que no es lo mismo popular que folklórico, lo folklórico pertenece al estráto básico de una sociedad dada, en realidad podría decirse que es el cemento que la distingue de otras sociedades dadas, que le hacer se esa y no cualquier otra sociedad, de las que se diferencia. Y lo folklórico puede ser tanto popular como excepcional. Lo interesante de esta definición es que el folclore es el rasgo más significativo para identificar una comunidad, concepto siempre vago, y borroso. Sin embargo, el folklore se puede ver como algo que es más para museos y cosas del pasado que algo que esté vivo, en marcha. Personalmente, todo lo que suene a comunidad, y por extensión a nación u otros conceptos de este tipo me irrita bastante, pero una cosa son las inclinaciones personales y otra bien distinta intentar constatar lo que hay o hacemos. E inevitablemente el sentido de comunidad ni está desapareciendo ni ha desaparecido, ni va a desparecer, por tanto, preocuparse por ello es inevitable. Y el folklore como forma de expresión de algún modo puede aproximarnos a indicarnos qué es una comunidad.
El objetivo de esta entrada es lanzar una hipótesis, poética sin duda. No estaremos asistiendo al surgimiento de un tipo de folklore nuevo (ya hace muchos años en realidad) que está generando un estrato social básico de orden mundial, y encuentra en la música uno de sus motores más potentes, y más populares. Sí, efectivamente folklore y no solamente música popular. Tres elementos caben destacar en la música que estaría generando este folklore, un tipo de música sencilla, blues, rock…, facilidad para empaquetar canciones, y medios de transmisión rápidos. Estos elementos ya están presentes en la primera mitad del siglo XX, pero a día de hoy son mucho más efectivos y potentes. Una posible objeción es que ahí no hay folklore que valga, sino música popular sin más. Pero si algo es el folklore según las coordenadas de Fernando Ortiz es un medio de crear algún tipo de comunicación directa, inmediata con materiales que hay que manipular, y ejercen de mediadores. Esta visión puede ser la del romanticismo desde la que se ha estudiado el folklore. Pero lo que me interesa es que ese folklore (el que está por venir) está más en relación con la técnica, industria, medios, e intenciones poco claras… Estos elementos son los que encuentro en una escena de O brother, en la que vemos unos delicuentes que graban una canción, con algún ritmo reconocible, que les haga ganar algo de dinero, un “productor” que no ve ni le interesa ver quiénes son esos individuos pero pone los medios para que puedan grabar su canción, y una estación de radio, que emite (hasta donde llegue las ondas) el mensaje que al final termina o no llegando para el disfrute de algunos, o de muchos.
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