Casi un aforismo.

La filosofía se inserta en un espacio muy difícil de diferenciar de otros, no es literatura aunque todo sistema filosófico sea un sistema de composición, pero tampoco trata de lo que es el conocimiento y la realidad sino que desde su perspectiva compositiva debe alumbrar lo que hacemos (conocer, producir….), y la filosofía es estrictamente imitativa, dramática, más que cualquier arte. Teoría pura. Pura imitación. Y como lo que se imita no sólo es lo que hay sino procesos reales y de conocimiento, el sistema de composición es una herramienta que sufre la paradoja de que su potencia radica en que el sistema debe abarcarlo todo (mejor cualquier cosa), pero que si lo hace confunde la función con la materia, pero si no lo hace no funciona. Solución: el mejor sistema de composición filosófico sólo funciona si no está algo estropeado. En otras palabras debe ser exacto pero en ningún caso puede aspirar a una completa precisión. Exacto en su funcionamiento pero impreciso en sus resultados. Sistema (de composición filosófico) que funciona perfectamente, asegura resultados inservibles. La conclusión es que esta exactitud inexacta radica en una consistencia que es la de la praxis, pero a diferencia de ésta debemos estar atentos a cuándo y porqué hemos cambiado, reformado, revisado el sistema para que sin perder la exactitud imprescindible precise algo y no más bien nada.
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