La facultad horológica.

como si los relojes de bolsillo dieran la hora mediante determinada facultad horológica sin necesidad de ruedecillas, o como si los molinos molieran el grano mediante una facultad trituradora sin necesidad de nada parecido a las muelas»
Estas palabras pertenecen al prefacio del Nuevo tratado sobre el entendimiento humano, que recoge Steven Pinker en su La tabla rasa, y la cita es pertinente para criticar una de las nociones más oscuras y confusas de la historia del pensamiento, estamos refiriéndonos a la noción de cualidad. La cualidad del reloj consiste en aquello que lo distingue de otra cosa, a saber dar la hora, y entre relojes la cualidad admite grados que permiten individualizar los relojes (y juzgar en cada caso la calidad, por ejemplo). En el caso del molino la cualidad a la que hace referencia es la de trituradora. Las cualidades son adjetivos, predicaciones como lo son las ideas platónicas por poner un ejemplo. Y lo más oscuro de esta noción es que aquello que distingue a un individuo por ejemplo a Sócrates, su humanidad, su sabiduría no deja por ello de ser, la misma cualidad, algo confuso. Por ello cuando Steven Pinker recoge esta cita parece que está pensando en las ruedecillas, en las muelas…, el mecanismo que explicará las distintas cualidades o facultades. Y para aclarar la cualidad estos mecanismos no pueden más que reducirse a distintos parámetros medibles y conjurar la falta de honestidad intelectual que hay detrás de la designación de tal o cual facultad que clausura toda investigación ulterior, pero dejando el campo libre a los más diversos desvaríos que se hacen porque cualquiera pueda tener su opinión sobre asunto tan oscuro como las cualidades que pueden ser debidas a todo tipo de causas, hasta las sobrenaturales.
Sin embargo, es necesario llamar la atención sobre esta cuestión de las cualidades. En primer lugar, Leibniz siguiendo el ejemplo de las máquinas cree que todo está compuesto por elementos más simples, pero estos elementos más simples que denomina mónadas son, sin duda, cualidades. Y la razón que advierto para que Leibniz caiga “al final” en aquello que denuncia es que las mónadas son la imagen de lo que es, precisamente, lo más difícil de explicar, la función de las cosas, no la función en general sino la efectiva, la que ha llegado a ser consumada, es decir, no que el reloj funcione sino que funcione aquí y ahora, o que no funcione sin más aquí y ahora…(en la realidad hasta un reloj parado “funciona” como ya mostraría Carroll).
En el caso de Platón la cualidad humano o sabiduría son las realidades supremas, y la modernidad de Platón está en que la estructura fundamental de tal humanidad o sabiduría es geométrica y por tanto puede explicarse, pero de nuevo como en Leibniz lo que más interesa a Platón no es la forma sin más, sino la función, ¿cuándo?, ¿dónde? ¿quién? ¿por qué? Sócrates es humano y sabio. Y en esto Platón no es moderno es, sobre todo, intempestivo. Y ello porque la verdadera filosofía se ocupa de lo que hacemos hasta en su más mínimo detalle y uno de los modos de hacer es la acción, tan difícil de captura estructural, geométrica o mecánicamente.
Ello no significa que en el discurso sobre la acción quepan relatos sobrenaturales que antes mencionábamos, pero pretender creer que podemos acabar con ellos es ser poco realista.
(Para saber más leer el Tratado teológico-político de Spinoza).
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