Entre conjeturas y opiniones.

He traído a estas variaciones una cita y un vídeo para destacar que el modo de comprender algunos acontecimientos del pasado se hace más accesible si se relatan, si en la explicación del qué, del cómo y del porqué insertamos un episodio imaginado (eikasia) de lo que podía haber ocurrido parece que la inteligibilidad de aquello que se nos muestra es más fácil. Los episodios ayudan de este modo a comprender el significado de aquello que se explica. En una disciplina como la historia parece especialmente indicado el uso de episodios, sin confundirlo con la exposición científica de los hechos. Parece más difícil, por otra parte, utilizar la forma episódica de relatar para las ciencias llamadas duras, insertando el significado mismo de lo que se expone.

A este respecto es interesante observar los primeros cinco minutos del vídeo que corresponde a un fragmento de la serie que emitió televisión española llamada la Odisea de la especie. Hay un breve episodio que juega con la posibilidad de cómo pudo ser el primer uso de las herramientas por parte del Homo habilis.

La cita no trata del relato de ningún episodio pero en tanto que esboza como podía ser, es posible imaginar algún tipo de situación en la que ocurriera algo parecido. Ahora bien, es fácil advertir que los episodios tienen un carácter propedéutico, y no es irrelevante hacer esta aclaración por la proliferación de tanta novela histórica y que puede velar la necesaria distinción entre conjetura y discurso científico, y cuando no se distingue claramente se contribuye muy poco a hacernos con opiniones fundamentadas más allá de que las defendamos porque son “las nuestras”.
“Puede especularse sobre el modo en que un proceso relativamente complicado como éste pudo ser desarrollado por primera vez por el hombre primitivo, pero podemos sugerir plausiblemente que el primer mineral que se fundió fue la malaquita, un carbonato de cobre de color verde. Este mineral se encuentra bastante extendido en el Oriente Medio, y se usaba como pigmento por lo menos desde el quinto milenio a.C., en especial como cosmético para pintarse el párpado inferior. La malaquita puede ser reducida a cobre con mucha facilidad, y si deja caer un poco de este mineral en un fuerte fuego de madera resultará de ello una cuenta de cobre. De un descubrimiento fortuito como éste pudo haberse originado la fundición deliberada de la malaquita y, de ahí, de otros cupríferos.”(Derry y Williams. Historia de la tecnología. Siglo XXI. pag. 169)
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