Las razones del dia – logos.

Denominar a la Filosofía como dialógica es lo que ha hecho Martin Buber (las primeras entradas que aparece en google de la búsqueda “filosofía dialógica” así lo confirma), sin embargo, el sentido aquí de lo dialógico no es el de diálogo, sino que se refiere al término compuesto por el prefijo dia- que significa en griego a través, y por logos que significa razón,palabra e incluso narración también en griego. Por tanto el significado de dia-logos no es otro que a través de la razón.
El significado de razón en su sentido más estricto, eficiente y manejable, no es otro que el que aportan las matemáticas con sus disciplinas más elementales: la aritmética y la geometría. Estas disciplinas hay que considerarlas no como ciencias que han existido siempre con todo su potencial, la aritmética y la geometría de la que hablo son las que actualmente utilizan los signos y notaciones establecidas. De este modo una historia de las matemáticas daría cuenta que la aritmética y la geometría son herramientas efectivas de razonamiento y pensamiento muy asociadas a los signos que manejan, como ejemplo, baste que el 0 es un signo que posibilita una cantidad de operaciones que por ejemplo con los números romanos, o eran imposibles o muy farragosas. Así que cuando digo que 3 es la razón, de tres cosas cualquiera (a , ¿), estoy dando una razón completa de tales cosas, evidentemente hay implícito una cantidad de razones que se ponen de manifiesto, pero a 3 le corresponden este conjunto de cosas que están claramente delimitadas. 3 es por tanto la expresión de esta claridad, y no es lo mismo representarlo con III, que con 3.
Por tanto, el 3 es la determinación completa de un agregado cualquiera, sin embargo envuelve un número indefinido de relaciones recíprocas. Incluso el 3 mismo es solución (aritmética de un número infinito de operaciones).
La geometría puede verse como un caso inverso. El ejemplo más claro para mostrarlo es el teorema de Pitágoras, en el caso del cálculo de la diagonal del cuadrado de lado 1. La determinación completa no es posible al modo anterior, sino que tal determinación completa ha de incluir la relación entre dos razones completas que son el valor 1 de cada lado del cuadrado. De este modo lo que tenemos es una relación completa que sólo puede comprenderse si se tiene “actualmente” un tipo de determinación recíproca como es el caso. Raíz de dos, por tanto, sólo es una relación clara por la proporción de los dos lados que puede expresarse en una ecuación. Los signos numéricos y aritméticos que manejan delimitan claramente la longitud de la diagonal como puede hacer cualquier demostración física o visual, aunque sea a costa de que los números resultantes no sean racionales, como no lo es raíz de dos.

La propuesta pitagórica de que los números sean efectivamente entes, cosas es la pretensión de que la determinación completa y la determinación recíproca no sea más que una diferencia resultado de la falta de conocimientos. Pero esto sólo es posible para una entidad omnisapiente. Para aquellos que comprenden los problemas temporalmente no es posible que ambas determinaciones puedan identificarse ni siquiera como progresividad (al modo poperiano). Pero tampoco podemos decir que la realidad sea indeterminada. El espacio de determinación que hay entre la completud y la reciprocidad, es el espacio de lo determinable, el espacio propio de los problemas, y de la garantía de que hay razones completas, sin cancelar o clausurar el conocimiento. La síntesis del conocimiento no supone, entonces, reunir lo que no puede reunirse sino juntar aquello que tiene sentido como disyunción, como separación, y por tanto no anular la diferencia. La determinación de lo real no es mera negación.

La mejor solución al problema pitagórico de la unidad como cosa o ente, es la metafísica de Leibniz y su propueta de que la sustancia primera sea una mónada o una fuerza (un algo) infinitamente pequeña. La imagen de esta solución puede ser vista como la expresión de que lo inconmensurable es algo, una cosa y que la contradicción es real y no sólo un ente de razón.

Así visto, la razón geométrica se ha convertido en modelo de todo conocimiento, pero desde el inicio el logos sigue siendo narración, poesía, por el simple hecho de que el descubrimiento de lo determinable (de la investigación científica), aplaza el problema del sentido en el que necesariamente estamos, y los discursos no sólo han de responder al modelo de lo eficiente (o tecnológico como ya he defendido en alguna ocasión), sino que han de responder a la eficacia que tiene que ver, principalmente con nuestros deseos o querencias.

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