Poesía y geometría.

Aunque a veces parezca mentira el propósito de estas variaciones es la claridad, están concebidas desde la perspectiva de lo que debe ser un curso introductorio de Filosofía. No son exactamente el curso tal y como lo imagino, más bien son las notas a pie de página, las anotaciones al margen.
El esquema que aportaría claridad es muy sencillo. En primer lugar una definición de Filosofía como “teoría de lo que hacemos”, en segundo lugar enunciar la doble acepción del verbo hacer (elegidas de las 58 que recoge la RAE, hacer como uso – control y producción), y en tercer lugar la concepción de teoría que permite articular ambas formas de entender el hacer sin reducirlas, sin confundirlas. Aparentemente lo que enunciamos es un sistema filosófico, pero no es más que un esquema de composición, que responda a una problema muy concreto, ¿cómo componer un “texto filosófico” que permita ser reconocido en la tradición de la Filosofía, pero que no repita la doxografía al uso, y que efectivamente este texto filosófico apunte a lo que no es Filosofía? La Filosofía no tiene como objeto su propia tradición, ésta le da unas coordenadas para hacerse reconocible, pero de lo que trata no es de su propia historia sino de cualquier cosa que nos incumba.
Una de las claves es que puede entenderse por teoría. El origen etimológico nos lleva a la noción de espectador no de actor ni de autor, o de productor o usuario, sino de espectador. Y una de los hallazgos más interesantes de los homo sapiens es su capacidad de representación, de sustituir una cosa por otra. La historia de la técnica en un momento concibió la sustitución de un signo que daba cuenta de otro, no como imagen al modo de un bisonte en una cueva. Sino que le permitía contarlo. No es hacer ciencia ficción para decir que con lo primero que contó el ser humano o el homo sapiens sería con los dedos. La historia de estos signos que permiten una mayor capacidad operatoria para contar cualquier cosa debe ser objeto de estas variaciones. No es lo mismo contar con números romanos, que con los signos actuales. Asociada a la capacidad de dar cuenta de las cosas, enumerarlas sin más, va asociada algunas relaciones que no pueden ser reducidas a signos fácilmente, como la relación de la circunferencia con su diámetro.
Por supuesto, a lo que nos referimos es a la aritmética y geometría respectivamente pero en su vertiente operatoria, y no representacional, ésta tiene su propia historia, la de la conquista de la decantación de toda una grafía, notación, capaz de sacarle el máximo rendimiento al cálculo. Visto de este punto de vista la aritmética y geometría operatoria tiene como objetivo la eficiencia técnica. Mientras que los mitos de los que según la tradición son el paso previo a la explicación racional no tendría como objetivo la eficiencia sino la eficacia (en una anterior entrada propuse el uso diferenciado de ambos términos). De este modo que la Filosofía tenga un origen mítico está cargándose las tintas sobre la dimensión narrativa. Mientras que la teoría que parte de las denominadas aritmética y geometría operatorias serían el antecedente del conocimiento científico. La diferencia discursiva entre la poesía como forma del mito y la geometría teórica que Tales inaugurara y que Arquímedes hiciera los primeros ensayos de cruzarla con la técnica es el trayecto de la conquista de la claridad. Sin embargo, hay un elemento común entre la poesía y la geometría teórica, ambas se encargan de la proporción, pero siguiendo con el esquema la poesía maneja proporciones eficaces, que han de conservarse en la memoria, sobre todo en culturas que no manejan la escritura, y la geometría maneja proporciones que sólo muy costosamente han permitido hacer de la eficiencia un principio de la técnica.
La proporción eficiente (geometría) permite el control de la producción, pero su uso efectivo no puede reducirse a la eficiencia. El discurso más eficaz no es el científico sino que las historias que permiten decidir cómo y por qué usar este producto y no otro (un coche por poner un ejemplo) no están contenidas en las notas de los ingenieros, parece más campo de los publicistas. Y aquí las razones que se esgrimen no parecen que puedan ser claramente representadas, todo el mundo recuerda la canción de “monorraíl” de los Simpson para venderles algo poco eficiente.

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