De homínidos y otras familias.

Francisco J. Ayala insiste en su obra Senderos de la evolución humana (página 203) una idea que ya manejara Darwin y que probablemente sea la más destacada de todas las que maneja Darwin desde el punto de vista de la historia del pensamiento. Me refiero a la crítica a la idea de finalidad en el proceso de la selección natural. En el caso de Ayala aplica esta misma idea a una parte muy pequeña del proceso de la evolución biológica, la que se refiere al proceso evolutivo de los homínidos con una antigüedad no muy superior a los 4 millones de años (aunque el Orrorin y algún otro tienen una antigüedad de hasta 7 millones años y que también la hacen pertenecer a la ambigua denominación de homínidos). Nuestra especie no es el resultado de un proceso que tenga al resto de especies de homínidos como pasos intermedios, o intentos fallidos, pruebas, que al final han terminado por resultar (lo que inevitablemente había de resultar) nuestra especie. Esta es una manera de concebir la evolución bastante pobre, porque supone un tipo de proceso finalista que “sobrevuela” a toda la producción natural de la diversidad de especies. Y es en este sentido, casi exclusivamente donde ha desaparecido la idea de finalidad (la antigua causa final de Aristóteles). Sin embargo, todas las especies cumplen una finalidad: adaptarse a su medio, conservarse en el tiempo, y utlizar los recursos de los que disponen para uno y otro fin. Por tanto, la idea de finalidad sigue funcionando intraespecíficamente, siendo el individuo el que la lleva a cabo, en su efectiva adaptación, reproducción, etc.

La imposibilidad de advertir que la causa final (utilizando la terminología aristotélica) tenga algún función en el proceso evolutivo general es muy pobre. Y esto puede verse más claramente si partimos de lo causa formal y material del origen de las especies. Llamemos causa formal a la selección natural tal y como la denomina Darwin, esta causa surge del combinar tres hechos naturales: variabilidad, superpoblación y herencia. La selección natural es la forma de la acción conjunta de estos tres hechos. Ahora bien, la causa material son las mutaciones genéticas azarosas, y sobre éstas actúa la selección natural, conformando en razón de su eficiencia, que marca el medio. De este modo la causa agente puede ser estudiada al modo algorítmico como vienen haciendo distintos autores. Sin embargo, la limitaciones de la aplicación de algoritmos no supone introducir de nuevo la figura del agente con voluntad y entendimiento.

El resultado último puede ser inteligible aunque la selección natural sea ciega, el material sea caótico, y que las razones sólo las determina el medio en el que interactúan ambas dimensiones. Lo que difícilmente puede volver es una idea de finalidad al margen de los mismos procesos, por tanto, no creo que la propia idea de finalidad desaparezca sino que probablemente tenga una función más fragmentaria y menos poética por decirlo de alguna manera.

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