Protágoras y el saber político.

Hay un problema sobre el saber político que queda enunciado en el Protágoras de Platón, y puede ser expresado del siguiente modo: el saber político se enseña, pero todavía no se tiene, porque hay que construirlo en la vida de cada uno de nosotros en un saber que se torno modo de vida y cuya magnífica expresión es la vida de Sócrates. Como dice al final del mito de Prometeo que hay en este mismo diálogo el pudor y la justicia es concedido por Zeus a cada uno de los ciudadanos. Sin embargo, esta concesión no se hace al principio de la creación, sino que los humanos ya tienen una historia, una experiencia si se quiere, y si el pudor y la justicia es la capacidad de ser mesurado, no puede negarse que los humanos ya tienen una mínima experiencia de tal medida, de la práctica de ser mesurado. Pero a partir de cierto nivel de relaciones en las que se involucran mayor cantidad de individuos, que, sin embargo, son capaces de ser sustentados en tal o tal comunidad, la conservación de todo aquello que ha producido se hace imposible. Desde el punto de vista histórico parece que las grandes ciudades pudieron conservarse, a partir de un poder exterior que representaban los jefes, sacerdotes o demás. Mientras que lo contiene el mito de Prometeo es que tal conservación depende de la mayoría que puedan ser ciudadanos, y por tanto, tal mito parece estar escrito para dar sentido a la más o menos forma democrática que funciona en la Atenas del siglo V a. de C. El problema de la ocupación del individuo por su mesura como una labor que le corresponde a él y no a fuerzas exteriores se remonta, principalmente a la Odisea, en la que Ulises reflexiona sus acciones y no está sometido al exterior como Aquiles y el resto de héroes de la Iliada.
Estos elementos explicarían algunas cuestiones sobre la forma en que los individuos se ocupan de sí mismos, pero dejando a un lado la cuestión mítica. La pregunta que más me interesa es la de que tipo de condiciones han de darse para que sea posible la práctica política, porque más que un saber que se posee es un saber que se ejercita. Sócrates puede ser el ejemplo de tal práctica, pero cuál es el esquema que permite que haya tal práctica que supone suspender en cierto modo la discordia, el disenso violento. La pregunta es por el esquema de concordia capaz de que la política sea posible. Además esta pregunta es, quizá, la más urgente de todas porque si algún tipo de práctica no parece garantizada es la de la política, y que como relata el mito, ésta no es necesaria para darnos los sustentos básicos e incluso para levantar ciudades, lo que para algunos suponga que lo mejor sea su eliminación total. O problemas tan actuales y acuciantes como la corrupción que dan la impresión de que la práctica política es siempre un fracaso. O la pregunta por la concordia, por sus fundamentos: ¿es la concordia, la una comunidad de creencias, de fe, una nación en términos modernos, y hemos de suponer una trama de afectos capaces de sostener tal comunidad?. O, por el contrario, sólo hay políticas cuando hay distintas comunidades o naciones. Más aún, ¿es posible hablar de soberanía popular, de voluntad general, que pueda ser vista como la garante de la concordia, según esa expresión del “esquema de concordia”?.
Desde la perspectiva de estas variaciones filosóficas, creemos que la cuestión es irresoluble. Y la dificultad radicaría en la misma definición de política, como un tipo de actividad característica de lo que Aristóteles ha denominado praxis ( acción inmanente que tiene en sí su propio fin), la regla no existe en el esquema más que de manera virtual, sólo su puesta en juego evidencia la regla, y quizá no haya mejor evidencia de la misma sino cuando fracasa. Y el fracaso de la política parece lo más generalizado incluso en los países más democráticos. Y aún hay más, un excesivo éxito de la política a veces se confunde con su efectiva desaparición. A diferencia de la producción, el éxito de la misma parece estar garantizado, sólo el hecho de que efectivamente no podemos adivinar el futuro parece que introduce un mínimo de incertidumbre. Pero ésta está continuamente presente en la política. Es común que entre los técnicos, artesanos o cualquier productor seguro, confiado de su capacidad se lamente de lo mal que lo hacen los políticos. Pero desde el lado de los teóricos tampoco podemos confiar mucho y sean capaces de soluciones, ya que su ámbito no coincide estricamente con el de la praxis. Y para acabar una cita a este respeto de Spinoza:

Resulta, pues, que de todas las ciencias aplicadas, la política es aquella en que la teoría discrepa más de la práctica y nadie sería menos idóneo para regir una comunidad pública que los teóricos o filósofos. (Del Tratado político – cita recogida de Siracusa 2.0)

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