Hipócrates y Galeno.

Estos dos nombres nos remiten a los dos médicos más célebres de la antigüedad. Hipócrates vive en el siglo V a. de C. en la época de la ilustración ateniense según la denomina Guthrie. Galeno es del siglo II de nuestra era. La diferencia entre ambos es clave para entender las diferencias de conocer lo que hay, o como teorizamos sobre lo que hacemos. Para Hipócrates la clave es el equilibrio del individuo, y pasa por ser un médico naturalista centrando sus tratamientos en la higiene y la dieta. Los tratamientos se hacen en función del individuo tratado como unidad o totalidad. Por tanto, cuando afirmamos que la medicina debe encargarse de los enfermos es Hipócrates su mejor representante. Sin embargo, el avance de la ciencia no se lo debemos a Hipócrates la vigencia de éste es sobre todo de carácter moral, no hay duda de que el juramento hipocrático es con las revisiones pertinentes tan actual como entonces.
Galeno es, por otro lado, el representante en la antigüedad de lo que puede ser la medicina actual (al menos como creo que habría que caracterizarla). Algunas de las consecuencias de la concepción de Galeno permiten desplazar la mirada del médico que estaba dirigida al enfermo, para dirigirla a las distintas partes que lo componen. Por tanto, para Galeno no se hace medicina en función del enfermo, sino de las partes que pueden ser aisladas. En este sentido es importante la división tripartita del alma en Platón. Ahora no se hace medicina en función del enfermo, sino que se han multiplicado las funciones a estudiar – estómago, hígado, cerebro… –
Siguiendo la terminología aristotélica función y forma en Hipócrates coinciden. El objetivo del médico es restablecer la “forma” del enfermo advirtiendo que es lo que no funciona. La dificultad de esta visión radica en que es difícil teorizar, ver en qué consiste el mal. Y el discurso consiguiente no puede ser más que de tipo poético, fruto quizá del anhelo de recuperación pero no de su efectiva eficiencia. Por el contrario, en Galeno función y forma no coinciden, la forma sigue siendo el individuo, pero esta forma remite a funciones diversas y que no parecen tener una relación tan armónica como se deduce de la concepción en la que función y forma coinciden. En este sentido Platón parece estar en lo correcto frente a Aristóteles cuando divide el alma en concupiscible, irascible e irracional.
Por supuesto, que hay muchos elementos de Hipócrates en Galeno. Ahora bien, las distintas concepciones, pueden verse más adecuadamente e incluso para análisis sobre prácticas actuales, gracias a la terminología aristotélica. Si forma y función coinciden el discurso médico es débil y puede apropiarse de él “cualquiera”, por ejemplo Gorgias. Si forma y función no coinciden, tenemos en primer lugar la oportunidad de arriconar a los dicursos metafísicos de la forma, y en tanto que fragmentamos la mirada es posible un discurso más preciso y exacto sobre las distintas funciones que operan en el cuerpo. Y en cierto modo es posible rescatar el término forma en sus términos justos que se equipararía al de estructura, y la estructura de las distintas partes del cuerpo serán posibles vislumbrarlas cuando la medicina pueda ser matematizada y observada desde distintas ópticas gracias a la tecnología. Y aunque esto ocurra sólo muy recientemente, Galeno aporta una mirada distinta a la de Hipócrates, que indudablemente están latentes en las obras de Platón y Aristóteles.

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