Eficiencia y eficacia.

Un ejercicio que suelo hacer con los alumnos de 4º consiste en elegir algunos términos de los textos que estamos leyendo, y ellos tienen que buscarlos en un diccionario de uso corriente (RAE, o María Moliner), no técnico o especializado. Después si los términos tienen varias acepciones se eligen aquellas más apropiadas al contexto que el texto, que estamos leyendo define. Este ejercicio me interesa porque los significados de los términos son los que marcan su uso. Las definiciones que recogen posteriormente los diccionarios sean especializados o no, no recogen toda la carga semántica que el uso envuelve. A este respecto creo que el ejercicio puede servir incluso para la sistematización que intentamos bajo el rótulo de Filosofía como “teoría de lo que hacemos”, o Filosofía dialógica.
Los dos términos que rescato de la RAE son los de eficiencia y eficacia:

eficiencia.
(Del lat. efficientĭa).
1. f. Capacidad de disponer de alguien o de algo para conseguir un efecto determinado.

http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=eficiente

eficacia.
(Del lat. efficacĭa).
1. f. Capacidad de lograr el efecto que se desea o se espera.
Ambos términos apelan a la consecución de un efecto, la diferencia es que la eficacia interviene el deseo y la eficiencia habla de un efecto determinado. Esta diferencia radica en el mayor o menor control de uno y otro, al menos es la que aquí intentamos presentar. Dicho de otra manera allí donde con la eficiencia no se consigue el efecto esperado, y sin embargo, ha sido posible su consecución se puede apelar a la eficacia. De esta manera la eficiencia es un concepto científico – técnico y la eficacia es un concepto teológico. La diferencia radicaría en la distinta naturaleza discursiva de uno y otro. Para un brevísimo análisis del discurso en estas variaciones, remito a la entrada del símil de la línea. Una última cuestión que trataremos en una entrada posterior es que los ámbitos científico – técnicos y teológicos son irreductibles, y que para o bien o para mal, la única manera de evitar su confusión es la política.

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