Aporías y Filosofía antigua I.

Sobre la historia de la filosofía se ha discutido si era ella misma filosófica o no. Que sea historia de…, la califica en primer lugar como una materia histórica y no filosófica. Por otro lado, no tiene la misma relación, como se suele advertir, la historia de la medicina con la medicina, como la tiene la historia de la filosofía con la filosofía. A mi modo de ver la historia de la filosofía a diferencia de la historia de la medicina es el lugar privilegiado para la práctica de la filosofía, en cambio, un médico no hace sus prácticas en la historia de la medicina, aunque en ambos casos tanto la medicina como la filosofía deben ser tareas para el presente. Pero mientras que un médico ha de hacer sus prácticas con técnicas actuales. El filósofo no puede encontrar las técnicas actuales más que en la virtualidad que le ofrece la historia de la filosofía. Y por ello un autor actual que esté trabajando sobre problemas actuales se debe tratar, cuando es objeto de estudio él mismo, como si de un autor clásico se tratara. Todo ello no es óbice para polemizar con quien se quiera, pero la producción filosófica a veces es muy ingrata con la polémica porque cuando un polemiza lo que parece que se sacrifica es la filosofía misma y queda atrapado una y otra vez en la opinión (pero que a nadie sorprenda que esto sea así, en realidad esta cuestión inactual de la filosofía que debe de apañárselas con la actualidad más apremiante, la del diario de la mañana, es la que de algún modo – el modo dialogado – nos obligó a plantearnos una y otra vez, como ya defendí en otra entrada, la obra de Platón).
Lo que propondré a continuación es una lectura de la filosofía antigua en torno a distintas lecturas aporéticas. La aporía, sin embargo, no es antigua esta es completamente actual. La aporía es la figura (que no concepto, aunque en los distintos diccionarios de filosofía haya una entrada del término o concepto aporía, pero es una figura en tanto que obliga a la razón a ser poiética – poética o productiva) propiamente filosófica. La ciencia no tiene aporías, de hecho el conocimiento científico ha de reducir la aporía a uno de sus polos, siempre según las condiciones del problema que se plantee, por lo tanto la reducción no es definitiva tampoco. Y esto es así porque el modelo científico es el modelo de la técnica. Las teorías científicas se han de sostener como se sostienen los puentes. Por eso, cuando un científico “juega” a filósofo su eficacia como tal depende de su familiaridad con el pensar aporético.
La primera de las aporías es la de los presocráticos denominados milesios. La pregunta por el arjé es la pregunta por el primero de una serie y su relevancia es de orden ontológico, sin embargo, su hallazgo no puede ser más que el último de una serie. La resolución propia de la filosofía a esta aporía es la de que el arjé es primero según la ratio essendi, pero el último según la ratio cognoscendi. Sin embargo, esta solución no es del todo acertada porque supone la diferencia entre ser y pensar que ya fue denunciada inmediatamente posterior a estos autores, por parte de Parménides. Una posible resolución filosófica posterior es reunir tanto el primero como el último de los fundamentos en el cogito cartesiano. Pero esta operación es un fracaso desde el primer minuto que la enuncia el mismo Descartes. Su investigación pura como la denomina Bernard Williams en Descartes, es el testimonio de un intento de “acabar” con esta aporía.
La aporía del primero o el último que aparece con los primeros presocráticos es la que caracteriza el (no) paso del mito al logos tal y como lo hace Francisco J. Martínez en Ontología y diferencia: la filosofía de Gilles Deleuze:

“He aquí el verdadero sentido del paso del Mito al Logos, con los Presocráticos: se pasa de preocuparse por un fundamento original y originario, histórico y genético (Hesiodo), a un fundamento sincrónico con lo fundado, es decir, estructural (los Milesios, los Eleatas, Heráclito, etcétera). (pag. 155)”.

Esta aporía es la protagonista del denominado paso del mito al logos. El agua, el aire son el fundamento sincrónico aparecen como el primero de los elementos pero el proceso de descubrimiento tiene una forma diacrónica de la que no puede desembarazarse el pensamiento y que alcanza su resultado al final de un proceso que necesita un desarrollo, una evolución. Por eso el propio Martínez advierte que supone la filosofía de Platón en este mismo sentido (siguiendo a de Deleuze, no obstante, es la tesis de Martínez sobre este):

“…y en este sentido, Platón supone una nueva irrupción de lo mítico en el ámbito del Logos que nos recuerda que ese paso no es nunca definitivo y que lo mítico acompaña siempre al logos, como su reverso, como un doble, nunca del todo desmentido”.

A este respecto la obra de Darwin El origen de las especies es el inicio ya en clave científica de comenzar a reducir según los problemas concretos esta aporía filosófica que es la primera de las que aparecen. Aunque la corroboración última de este planteamiento sólo vendrá de la mano de la genética que es lo que ejercería de fundamento sincrónico (en los términos darvinianos las variaciones eran aún un concepto oscuro). Lo que debemos a Darwin es su claridad de pensamiento. Y respecto de lo que se dice de que desembarazó a la ciencia de la causa final creo que desde el esquema que nos aporta esta aporía no es del todo cierto, solamente que las de las causas finales necesitamos conocer todos los procesos que en ella operan. Y puede denominarse causas finales aquellos procesos que tienen sentido al final de una serie de cambios aunque no haya una idea previa, proyecto que ya lo configurara (por tanto no habría que eliminar la noción de causa final, sino replantear el sentido aristotélico). Pero una vez realizado adquiere un sentido, y que no encontramos exactamente en la descripción sincrónica del mismo. Porque toda retrospectiva de este proceso no se reduce a imagen sino a toda una serie de caminos que pudieron haber sido y no fueron, y que pueden ser simulados a día de hoy en potentes ordenadores.
Sobre otras aporías y filosofía antigua espero aportar algunas entradas más, en esta serie. Y sobre la relación entre la causa final y la eficiente remito principalmente a la decimotercera serie en la que se analiza el sentido a partir de la obra de Leibniz Monadología.

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