¿Con qué hacemos lo que hacemos?

En esta serie de variaciones que tratan sobre la hominización no puede ser un cajón de sastre donde quepa cualquier noticia al respecto. Entre otras cosas porque las variaciones son filosóficas, y además porque partimos de una definición muy concreta de la misma. La Filosofía como teoría de lo que hacemos. Por tanto, es conveniente señalar algún tipo de criterio para seleccionar noticias que tengan que ver con la hominización. El criterio debe proceder de la definición de Filosofía que proponemos, que pregunta por el hacer. De esta manera los homínidos y más concretamente el homo sapiens realiza acciones, hacen cosas y la caracterización de estos haceres, por parte del homo sapiens, puede considerarse desde una triple perspectiva: lo que hace con las manos; lo que hace con la voz; y lo que hace con el cerebro. Por tanto, las manos, el aparato fonador y el cerebro o en su defecto el cráneo serán los tres elementos que como condición necesaria utilizaremos para problematizar la singularidad de la especie homo sapiens. En este sentido la triple perspectiva desde el punto de vista temporal es doble a su vez, una que remite al pasado, a aquellas especies que ya no existen y pueden ser comparadas con la especie que nos ocupa, y otro punto de vista que remite al presente y permite comparar la especie humana con otros animales (en este sentido los chimpancés y otro tipos de simios se convierten así en especies relevantes a este respecto, pero también especies como los delfines sobre todo por su grado de encefalización).
Hemos seleccionado por un lado tres elementos para acotar el problema de la singularidad de la especie homo sapiens, por otro la doble consideración temporal de análisis de estos elementos: diacrónica y sincrónica. Ahora bien, los criterios clasificadores que más nos interesan no son ninguno de estos dos que son criterios necesarios pero no suficientes. Si así fuera las entradas de esta serie de variaciones tendría un valor exclusivamente divulgativo. Pero no es el caso, sino en tanto variaciones filosóficas han de tener un carácter problematizador en términos filosóficos. Y en este sentido la problematización viene de la diferenciación de los distintos haceres. Suponemos el término hacer en tanto que producción, pero también en sentido de uso. ¿Y cómo utilizar esta diferenciación para analizar los conocimientos que nos aporta la ciencia?
Pongamos como ejemplo el aparato fonador, como parte de la anatomía podemos inferir que tipo de sonidos emite en aquellas especies ya extinguidas, pero la inferencia sólo es posible a partir de aquellas especies actualmente existentes con aparato fonador y que lo usan efectivamente. A este respecto señalar que el uso efectivo por parte de especies ya extinguidas no resulta ningún producto que llegue a nuestros tiempos. Las producciones del uso del aparato fonador dependen exclusivamente de los artefactos capaces de registrar tal uso.
En el caso de las manos la cuestión es muy distinta lo que tenemos es en algunos casos (al parecer de las especies pertenecientes al género homo) los productos que nos han llegado desde tiempos remotos. El estudio de los posibles usos no es más que por inferencia en comparación con los usos actuales de herramienta, ya sea el caso de los propios homo sapiens u otros animales. La primacía de la producción manufacturera es en este sentido crucial ya que de ella parte en cierto modo el modelo del hacer (tesis que brillantemente ha mantenido el materialismo filosófico de Gustavo Bueno sobre todo aplicado a la teoría del cierre categorial). Lo que tenemos, entonces, son los artefactos que nos llegan como productos realizados por todas aquellas especies que los han hecho (en realidad este es un problema de los más apasionantes: ¿sólo podemos atribuir la construcción de herramientas que se conservan a las especies del género homo o también a australopithecus y paranthropus?). El modelo tecnológico es el que seguiremos frente a un modelo cultural por poner el caso.
La cuestión del cerebro es más difícil incluso que la de la voz. La pregunta ¿qué es lo que hacemos con el cerebro? Tiene múltiples respuestas desde la neurociencia pero más complicado son las implicaciones filosóficas en relación con los otros haceres.La pretensión es la de aportar un esquema lo suficientemente complejo que se caracterice en primer lugar por no pecar de apriorismo, aunque en cierto sentido está antes que aquellos conocimientos que esquematiza, y en segundo lugar ha de dar cuenta que el mismo es producto de los mismos conocimientos que ha de clasificar. En términos aristotélicos el esquema refiere a una anterioridad posterior. Los sistemas sólo pueden ser de esta naturaleza y sus resultados refieren a posterioridades anteriores, resultados que ya “estaban en el sistema”. Ahora bien, lo que es imposible es la imagen acabada y cancelada del conocimiento completo, que es de naturaleza dialógica

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