Justicia de autor.

Las siguientes líneas tienen su origen en una noticia del 5 de octubre de 2007 en la que el juez Garzón mete en la cárcel a la cúpula de Batasuna. La actuación del juez Garzón ocurre muy poco después de que ETA declarara romper el “alto el fuego permanente”. Lo que llama la atención no es la actuación en sí, sino el tiempo en el que ocurre y que es inevitable pensar que no es por casualidad. Las explicaciones que aporta el propio juez remiten a un contexto antes político que judicial. Las actuaciones judiciales si han de ser independientes han de tener un curso de acción independiente también de las actuaciones de los otros poderes, inevitablemente se producirán cruces y coincidencias, pero es deseable que la consistencia de tales acciones se encuentre en su propio curso.
La actuación de este juez me sirve a mí como ocasión, para plantear el significado de una expresión que se me ocurrió por entonces: “justicia de autor”. Y escribo esto ahora casi dos años después porque el tiempo en el que manejo mis ideas no es el que manejan los periodistas por ejemplo. En este sentido este blog no es, ni puede ser un blog al uso, en la que sirva para anotar a diario los hechos que tengan algún interés para mí. La expresión justicia de autor la utilizo en el mismo sentido que se utiliza “cine de autor”, frente al cine de producción industrial por contraponer al resto de películas. Estas últimas tendrían la peculiaridad de que el resultado final es producto del productor, del director y del equipo en general, mientras que en el cine denominado de autor el producto final es sobre todo un asunto del director. Los críticos de cine en este reparto de papeles “acabarían la película” en la medida que nos dan unas pautas de su uso o visionado. Las opiniones vertidas por tal o cual crítico son firmadas tienen su autoría, es autor y responsable de lo que dice en ese artículo. Lo que dice sanciona en mayor o menor grado un juicio público y contribuye a generar lo que se denomina opinión pública (dependiendo en cada caso del doxograma del que es capaz).
El juez puede ser visto entonces como el que efectúa la crítica del funcionamiento de los distintos poderes y por supuesto el juez es autor de sus sentencias y de todo procedimiento del que se hace cargo. Pero en este caso y desde la mera opinión, y no desde el conocimiento técnico que supone la división de poderes en este país, el juez ha jugado el papel de productor, de director, y de crítico. Pero lo peor de este caso, y que es lo más grave, es que mientras el producto final que se maneja en la industria cinematográfica son rollos de películas, en las que hay historias que aún siendo documentales la trama es ficticia. Los poderes (públicos) sobre lo que traman es la realidad misma. Y en el caso del juez Garzón parece que se convierte en crítico y en productor de la realidad misma, gracias a su saber (el del director que conoce las reglas para hacer películas). Pero es que no hay un objeto que podamos manipular y observar sobre el que estemos discutiendo. Es la realidad misma la que conforma (al menos eso parece, lo que en realidad es imposible, y si se cree que es posible sólo es posible creerlo desde el delirio – el que tanto han padecido los tiranos y otras figuras de esta índole).

Para finalizar recordar al respecto de lo que se nos ofrece desde el mundo del cine y desde los poderes públicos, la diferencia de género con la que trabajan, el fragmento del Protágoras de Platón donde comparan al tendero con el sofista:
Desde luego hay un peligro mucho mayor en la compra de enseñanzas que en la de alimentos. Pues al que compra comestibles y bebidas del mercader o del tendero, le es posible llevárselas en otras vasijas, y antes de aceptarlas en su cuerpo como comida o bebida, le es posible depositarlas y pedir consejo, convocando a quienes entiendan, de lo que pueda comerse y beberse y de lo que no, y cuánto y cuándo. De modo que no hay en la compra un gran peligro. Pero las enseñanzas no se pueden transportar en otra vasija, sino que es necesario, después de entregar su precio, recogerlas en el alma propia, y una vez aprendidas retirarse dañado o beneficiado. (Coda: en la sociedad de mercaderes nos venden mierda pero aún podemos nadar sobre ella y apartarla, pero la sociedad que se atribuye el papel de conformar almas no habrá al “final” posibilidad de distinguir la mierda de lo que no es –no nos distinguiremos de nosotros mismos)

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